El gallo es gallina… ciega
Juan Gabriel Valencia
Relativas sorpresas de campaña. Unos alcanzan su nivel de incompetencia. Otros recuperan su nivel de competencia. Algunos más, con cautela, lo mantienen.
La nota del día es Josefina Vázquez Mota, para mal de ella. Es la acumulación de una serie de equivocaciones en muy corto tiempo que en principio sorprenden, por lo menos a algunos observadores.
Había un grupo de analistas convencidos de que Vázquez Mota habría de ser una rival invencible frente a la precandidatura inviable del ñoño Ernesto Cordero y de Santiago Creel, imposible en términos de la política interna del PAN. Pero se atravesó la multicitada máxima de Álvaro Obregón: en política solo hay un error, lo demás son consecuencias. La evacuación prematura del estadio Azul en el mitin fallido de Vázquez Mota fue un parteaguas. No fue solo un problema de logística vinculado con los autobuses del acarreo o de la incapacidad del equipo de Vázquez Mota para tener a tiempo un discurso que debería haber estado listo dos días antes y madurado en el cajón del escritorio. Fue un problema de decisión de JVM: si Roberto Gil le presentó su renuncia, tímida y mustia, debió haberla aceptado sin titubeos. No es un tema de culpabilidades. Vaya uno a saber la cantidad de idiotas que participaron en el desaguisado y que confirmaron la validez de la ley de Murphy. Formalmente, Roberto Gil era el responsable y tenía que haberse ido. Vázquez Mota no aceptó la renuncia y fue su decisión, exclusiva, personal. Ahí se frenó la cresta de éxito y crecimiento de su candidatura derivada de su triunfo en el proceso interno. Lo demás ha sido un desarreglo mayúsculo. El diseño geográfico y extenuante de su gira, el estrés derivado de éste que propició el desvanecimiento y la distracción de los medios en eventos cruciales, su cambio bisemanal de look, su renuncia al formato de mitin para pasar al talk show de Oprah Winfrey, los spots negativos contra Peña Nieto que no le quitaron ni un punto al candidato del PRI, incluyendo la verbena linchadora y violenta de la “mesa de la verdad” organizada por el insuflado de Juan Molinar Horcasitas y el diminuto Gustavo Madero. La regionalización de su indumentaria que no se acerca en un milímetro a la regionalización de los mensajes de EPN. Su alegato de que el PRI no aprobó sus reformas estructurales —que no son necesariamente las reformas estructurales que el país requiere—, cuando ella estuvo al frente de la Junta de Coordinación Política como diputada en cuya función votó seis de 132 votaciones que se realizaron durante su encargo. Cuando dice en un spot que ella inició Oportunidades, cuando ese programa fue solo la ampliación anárquica del programa más serio y exitoso del gobierno de Ernesto Zedillo, Progresa. Cuando ella dice en un spot que a partir de que fue secretaria de Educación ya no se venden plazas mientras que la maestra Elba Esther Gordillo señala que se cotizan a 50 o 60 mil pesos. Hasta el punto de afirmar que a los padres de familia les preocupa, junto con ella, el alto nivel de confort de los niños en México, cuando hay 15 millones de niños en pobreza extrema cuyo confort no es de interés nacional, sino su supervivencia. Qué cínica y qué estúpida. Ofendió al país.
No nos sorprendamos entonces que la señora que inició el proceso del tracking de MILENIO-GEA/ISA con casi 30% de preferencias, esté hoy en 23%. Lo que sí es sorpresa es que no haya habido alguien cerca de ella con dos dedos de frente que le dijera detente. Arrancó con su amigo Antonio Solá una campaña negativa contra el candidato del PRI al que no le ha quitado un solo punto en dos semanas. Pero ella es diferente, o eso dice. Divulgan en el diario Reforma un video en el que ella elogia al publicista español por la campaña negativa contra AMLO en 2006, sin la cual, según ella, Calderón no hubiera sido presidente. Qué poco valora en términos de oportunismo y traición al presidente Calderón cuando pone por delante al publicista. En toda campaña política-electoral, en cualquier parte del mundo, cuando el publicista se pone por delante y se hace público, es prueba de que no hay campaña.
López Obrador se vuelve a asumir como es realmente. Recupera y afianza su electorado duro. En ese terreno, no le alcanza.
EPN modula su exposición y espera.
Falso que el 6 de mayo haya de cambiar algo. Tendría que ser otra cosa.
PD. Francisco Ramírez Acuña se va a España de embajador. Siete meses de vacaciones y adiós a Josefina.









