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El Madrid de Munich no sirve en Barcelona

Cartas oceánicasJosé Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

La bóveda que cubre al Allianz con los años será un clásico de aquellos estadios cósmicos que desplazaron al rudimentario Centenario o al Wembley original, dos cascarones del paleolítico que criaron a los primeros futbolistas. Cuesta creer que al interior de un estadio tan moderno existan ceremonias tan antiguas. El Bayern consiguió en su “arena” lo que el Madrid es incapaz de prometer en la suya. La gente del Allianz efectivamente se transforma en pueblo de su equipo, la del Bernabéu no, hoy ya no. Es una afición educada en el linaje de los 50, se acomodó, y cuando los socios veteranos dejaron libre su platea, los nuevos exigieron un estadio con terciopelo, calefacción y un cuadro contemporáneo de jugadores subastado en Christies. Los signos de un Madrid consentido frente a rivales severos confirman que tras casi dos años el de Mourinho sigue siendo un equipo inconcluso: no ha vencido a ninguno de los ogros. Ayer volvió a equivocarse de estadio, rival y fecha. El Allianz Arena con el Bayern dentro en semifinales de Champions no merecía esa retorcida versión que Mourinho tiene del Real Madrid: un equipo vendido para atacar, pero comprado para defender. Emancipados, esos mismos futbolistas juegan partidos célebres, como las noches en su almanaque. El Bayern de ayer ofrecía una oportunidad simbólica, cazar un fantasma. Porque aún con el shock que causó el Allianz al inicio, el peor Madrid de la Champions nunca sufrió al mejor Bayern de laterales profundos, medios-centro sensatos, un delantero de dos plantas y los tradicionales wings. Sólo Ribéry (1-0) mantuvo los estatutos de su equipo y del partido. El Madrid confundió el empate de Özil (1-1) con un triunfo y encontró otra derrota (Gómez 2-1) aleccionadora.