Edición:

Los muertos que a nadie importan

InterludioRomán Revueltas Retes

No aplico mi espada cuando el látigo es suficiente, ni el látigo cuando basta mi lengua”. Esta sentencia, expresada en un lenguaje antiguo (lo del látigo te lleva a imágenes de brutales escarmientos en un desigual universo de amos y criados) no deja de expresar un modernísimo humanismo. Fue proferida por Mu’awiyya, primer califa de la dinastía Omeya en Damasco, según cuenta Asne Seierstad, periodista noruega, en un reportaje, precisamente, sobre la turbulenta Siria de nuestros días.

Pero, miren ustedes, a Bachar al-Assad, sátrapa en funciones, estas palabras no le dicen absolutamente nada: al tipo le basta con advertir el más leve signo de indocilidad para desenvainar ferozmente la cimitarra y comenzar a cortar cabezas. Ya lleva unos nueve mil muertos en su cuenta (y, por favor, absténganse, aquellos que no simpatizan con el presidente de México, de hacer burdas comparaciones; hasta donde yo sé, Calderón no ha ordenado bombardeos sobre ninguna de nuestras ciudades ni disuelve, de manera sistemática, las manifestaciones a tiros; nuevamente, quienes pretenden endosarle el cargo de “criminal de guerra” están queriendo confundir —de la manera más deliberada, artera y abusiva— la gimnasia con la magnesia).

El asunto es que ahí lo tenemos, al dictador sanguinario, masacrando al pueblo sirio a sus anchas, mientras China y Rusia torpedean las iniciativas de la comunidad internacional para detener la carnicería. Es, por lo visto, el precio que paga el mundo entero por su forzosa convivencia con los impresentables, a saber, aquellos países que no tienen ni la más mínima vocación democrática y con los que celebramos, de cualquier manera, maridajes de conveniencia y muy oportunas alianzas comerciales. ¿Quién se atreve, madre mía, a plantarle cara a China —territorio de crueldades, ejecuciones, persecuciones, desigualdades y persecuciones— y quién, de la misma manera, se le pone enfrente a Vladimir Putin, verdadero amo y señor de la nueva Rusia imperial? Nadie. Que sigan pues muriendo los civiles sirios. Y que sigan también los negocios.