El comal denuncia a la olla
Ricardo Monreal Ávila
El comal a la olla le dijo:
“Cuando cruja, no arrempuje!
Con sus tiznes me ha estropeado ya de fijo
la elegancia que yo truje”.
Y la olla por poquito se desmaya:
“¡Presumido! vaya, vaya;
lo trajeron de la plaza percudido
y ni ánimas que diga que es galán de la pantalla”.
Las campañas pasaron del vestíbulo del palacio a la cocina de Los Pinos. La candidata Josefina Vázquez Mota le dice al comal: si no gana el PAN “estaremos perdiendo el resto del siglo XXI”, y lanza un ataque de spots a la línea de flotación de la credibilidad de Peña Nieto, presentándolo como mentiroso.
Rápido y furioso, el PRI responde a la olla: el siglo XXI “lleva 12 años perdidos” y reta a la instalación de una “mesa de la verdad”, similar a la del merolico de San Juan de Letrán que pregunta al público escéptico “¿dónde quedó la bolita? ¡Que no le digan, que no le cuenten! No le vengo a engañar, no le vengo a mentir”.
Sin embargo, el pleito de cocina que preparan el comal y la olla no puede distraer la verdad de fondo: el país no tiene 12 años, sino un cuarto de siglo con un crecimiento económico mediocre, con una desigualdad social cada vez más ancha y con una vida política cada día más cercana a la autocracia y más lejana de la democracia. Y la responsabilidad de esta situación es mancomunada y compartida, es del PRI y del PAN.
Ciertamente, en los 12 años de panismo el deterioro se ha exacerbado; pero la semilla se sembró y cultivó en los últimos 12 años del priismo del siglo pasado. Por eso, en una buena parte de las regiones que en el último cuarto de siglo han conocido únicamente la alternancia entre PRI y PAN (norte y occidente del país), hoy están volteando hacia la izquierda como una alternativa para alcanzar el cambio y la transformación que el PRIAN ha sido incapaz de promover.
La Laguna: “PRI y PAN ya tuvieron su oportunidad y fallaron: es tiempo de dar una oportunidad a López Obrador”. Monterrey: “Aquí ya probamos PRI y PAN y nos decepcionaron: se fueron los bandidos, pero llegaron los rateros”. Ciudad Juárez: “Lo único que se ha alternado aquí es la inseguridad, el desempleo y la ineptitud; se necesita un cambio verdadero”. Guadalajara: “el peligro para México resultó ser otro. Hay que probar otras opciones”.
El comal y la olla se han enfrascado en una especie de Intifada electoral, que viene a corroborar lo que muchos ciudadanos piensan en este momento: que tanto el PRI como el PAN son causantes de la situación crítica que vive el país. Unos tiran lodo y otros lanzan piedras. Literalmente, es la guerra de las colas. Se trata de demostrar quién tiene la cola más larga, voluminosa y sensible.
El PAN (ella) acusa al candidato del PRI (él) de mentiroso, mientras que el PRI denuncia a la candidata del PAN de falsificadora. Él señala que en dos años se sumaron ocho millones de nuevos pobres; ella recuerda que en 1995, en un solo año, el PRI lanzó a la miseria a 10 millones de mexicanos. Él pone el dedo en la llaga de la corrupción llamada Estela de Luz, ella en la estela de 70 años de corrupción. Él acusa que el presidente de la República se entromete indebidamente en la elección, ella recuerda las elecciones de Estado del siglo pasado. Él denuncia los 50 mil muertos en las calles, ella los disidentes y opositores desaparecidos. Él presume que puede controlar el crimen, ella sospecha que regresarán los acuerdos con la delincuencia.
Él no quiere debatir; ella busca rebatir. Él se dice la nueva cara del PRI, pero no puede ocultar el cuello, el tórax y las extremidades del dino que lo sostiene. Ella se dice diferente, pero la lápida del continuismo no deja ver la diferencia específica de género.
Violencia, desempleo y desigualdad social se cocinaron a fuego lento en la olla del PAN durante 12 años. Magnicidios, megacrisis económicas y corrupción se cocieron a fuego abierto en el comal de la docena trágica priista, que lo llevó a perder el poder con el cambio de siglo. Ni a cual irle.
El siglo XXI es una ventana de oportunidad para que México alcance de lleno la prosperidad, la igualdad y la paz. Sin embargo, ni el continuismo del PAN ni la regresión del PRI harán posible este salto histórico. Se requiere de un cambio verdadero. Es la propuesta de las izquierdas y de su candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador.
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