Ambriz, la vergüenza de Chivas
De oficio reporteroRicardo Magallán
Ignacio Ambriz se las verá muy complicadas para volver a agarrar chamba en el futbol mexicano tras su sonoro, pero pronosticado fracaso como técnico del Guadalajara. La carrera de este hombre como responsable de un equipo presenta como futuro pura penumbra.
Lo que para cualquier técnico sería el sueño cumplido, el dirigir a uno de los dos equipos más populares del futbol mexicano, para Ambriz se convirtió en su peor pesadilla, y lo peor, en una temible losa que tendrá que cargar por el resto de su vida profesional que, de todos modos, no presentaba un palmarés digno para el hombre que debe ser responsable de que Chivas ande bien.
La cortina de humo levantada por Jorge Vergara con la contratación de Johan Cruyff y su empresa, con fines que hoy todavía nadie tiene claros, logró que por unas semanas se nos olvidara que Ambriz jamás debió ser el técnico del Rebaño Sagrado, que no era el tipo indicado y que su capacidad era muy corta, casi escasa, para cargar con ese peso.
Ambriz es un técnico malo, se sabía desde que llegó a Chivas simple y sencillamente porque sus números así lo indicaban, y ahora, tras su penosa labor al frente del cuadro tapatío lo confirmó. Tras este desventurado capítulo, resultará ya muy complicado que a Nacho le siga valiendo como su mejor credencial para estar en un banquillo que fue, por años, auxiliar de Javier Aguirre en su primera etapa como timonel dentro del futbol español.
Los que pedían el beneficio de la duda para Ignacio a su llegada a Chivas, hoy deben de tener la cara roja de vergüenza porque su gallo les quedó muy mal. Los que apostaron por Nacho, incluso el propio Vergara, fueron defraudados, pro culpables son por haber pecado de ingenuos al creer en un hombre que no había mostrado el menor mérito para ganarse el honor (porque eso debe de ser) de dirigir al Guadalajara.
Ignacio Ambriz, con su incapacidad, deshonró a la institución rojiblanca, le faltó al respeto a su jerarquía y le vio la cara a una afición que no merece, bajo ninguna circunstancia, los penosos resultados del Rebaño tanto en la Liga como en la Copa Libertadores.
Dirán que Ambriz no es el culpable de este fracaso, que ese papel le corresponde a Jorge Vergara por haberlo colocado ahí, y algo de razón hay en esa hipótesis. Las excentricidades ya no deben ser las que manden en el Guadalajara y, a cambio, tienen que llegar, por fin, decisiones firmes, no mediáticas, para regresar a Chivas al primer plano al que le corresponde, por obligación, estar, porque más allá de las simpatías personales, este equipo es uno de los básicos del futbol mexicano, indispensable para nuestra liga, animador obligado. Si Chivas no anda bien, el torneo no es el mismo, es una realidad.
En un plano romántico, impregnado de valores, Ignacio Ambriz tendría que tener la dignidad de poner su renuncia sobre la mesa y ya no terminar el torneo como técnico de Chivas. Pero como eso es como creer en hadas, pues desde aquí mi más sentido pésame para los aficionados del Guadalajara, que deberán de soportar por dos semanas más la vergüenza de tener como técnico de su equipo a una sombra.
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