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HeterodoxiaJosé Antonio Álvarez Lima

Mientras los ciudadanos se preparan para decidir por quién votar y nuestros medios tienen la pupila fija en las mediciones electorales, los medios del mundo han dado cuenta de la devastadora crisis que azota a Europa en general y a España en particular.

El New York Times hace días dedicó su editorial, “Una sobredosis de dolor”, a la situación española y culpó a Merkel y a Rajoy de gestionar mal la economía al asfixiar el crecimiento con medidas restrictivas que sólo generan más desempleo y miseria. El diario sugirió, en cambio, invertir en reformas y atenuar la obsesión aritmética en el déficit.

En su último día de trabajo, el viernes, la bolsa española perdió casi 4% y, en lo que va del año, un inaceptable 13.4%. El interés sobre la deuda pública roza ya el impagable 6%. La deuda de los bancos españoles con Bruselas llega a 350 mil millones de euros. La situación es alarmante y puede contagiar a toda Europa. Es lo que afirma el Wall Street Journal, The Economist y la BBC, que culpan abiertamente a los gobiernos españoles del reciente susto financiero mundial y le aconsejan nacionalizar los bancos o de plano pedir, cuanto antes, el rescate exterior.

Todo esto parecía imposible hace días. España había electo, apenas hace cuatro meses, al gobierno conservador que supuestamente enderezaría el camino. Y en esas andaba Rajoy, aprobando reformas profundas para gastar menos, transparentar el gasto, reducir el fraude fiscal, modernizar las relaciones laborales… y, de pronto, las variables negativas se reagruparon y los mercados han castigado, desproporcionadamente, a España.

El panorama se ha llenando de más nubarrones, porque las diferencias entre las élites políticas se han profundizado y, tanto populares como socialistas, se niegan a realizar el pacto de sobrevivencia política que salve a España de la quiebra económica.

Conservadores y progres han contagiado a la ciudadanía de su sectarismo y, en el país, están creciendo las inconformidades y disputas ciudadanas.

Para acabarla de joder —se diría en castizo—, la presidenta peronista Kirchner ha decidido nacionalizar la sucursal Argentina de la petrolera Española Repsol (YPF). Sin aviso previo, sin indemnización y aprovechando la debilidad por la que atraviesa el estado Español.

Desempleo, crisis económica, crisis política, crisis financiera y malestar ciudadano son el panorama sobre los que la señora Kirchner ha disparado su desafío traicionero.

Con España ha ocurrido, como con el dicho, que al perro más flaco parecen caerle todas las pulgas.

Resulta necesario que México preste mayor atención a lo que ocurre en España. Se trata de nuestro segundo inversor, vital en los sistemas bancario (Santander y BBVV) y turístico (Barceló, Iberostar y Melía). Por no hablar de los millones de mexicanos unidos, por sólidos lazos afectivos, con los habitantes de la península ibérica.

Estamos ante un asunto que puede afectar nuestra economía y las inversiones de Pemex en Repsol. Y que también repercutirá en las relaciones interamericanas, por la sobreactuación populista que, seguramente, dramatizarán Chávez y Kirchner. Ya el canciller Español se comunicó con la secretaria Espinosa, advirtiéndola.

Más allá de las luchas electorales y partidistas, hay un mundo que sigue girando.