IFE "vs." “niños incómodos”
AntenaJavier Orozco Gómez
A medida que avanza la campaña electoral, el IFE enfrenta pruebas a su capacidad de respuesta como órgano regulador en radio y tv. Por desgracia, los creadores de la reforma electoral tuvieron una visión tan corta y un orgullo tan grande, que no les permitió ver completo el bosque y ahora en la práctica, sólo se ha visto un camino de penumbras y yerros.
Para empezar la semana, la Comisión de Quejas tendrá que estudiar lo relativo al promocional de los llamados “niños incómodos” y decidir si dicta medidas cautelares o no. Todo un tema ya que entraremos de nueva cuenta a la discusión de los alcances y límites de la libertad de expresión, que derivaron de la citada reforma electoral. Que vino a hacer más un bozal que el refuerzo a la apertura plena y crítica que se había venido consolidando desde los años 90.
No dude que lo subjetivo imperará en este caso, desde la aparición de menores hasta distinguir entre lo que es ficción y realidad; pero sobre todo debe preocupar hasta dónde llega nuestra libertad.
Primero fue un spot, ahora de plano es todo un medio público el que está metido hasta el tope en pro del gobierno en plenas campañas, me refiero al IMER, al que por lo visto, le gusta ser temerario y enfrentarse a las autoridades, aún a sabiendas que viola normas jurídicas al por mayor. Y pone en riesgo sus propios permisos, como con la comercialización.
Mucho análisis tendrá que hacer el IFE sobre el papel de los medios estatales y las elecciones; de entrada, ser más eficiente en su monitoreo y muy claro en definirle sea al gobierno federal o estatal de que se trate, que su labor es ser un medio de información, y no de propaganda política.
Si la radio y televisión comercial se encuentran privadas de hacer debates ante la incertidumbre jurídica y el riesgo a ser sancionados, optando por la prudencia y el equilibrio informativo, ¿por qué no le hace entonces el gobierno federal?
Y eso que todavía falta entrarle al estudio de los contenidos de los promocionales, sobre todo aquéllos denominados “guerra sucia”, donde la línea de la libertad de expresión es tan delgada que cualquiera que la toque puede quebrarla.








