AMLO, el futuro y la izquierda
Vuelta prohibidaNéstor Ojeda
Si las cosas siguen como van en la campaña de Andrés Manuel López Obrador, lo que parece venir para la alianza de las izquierdas es la debacle.
El desplome en las encuestas de su candidato presidencial tras su malograda declaración de principios contra las reformas estructurales que le urgen a México ha puesto al frente de PRD-PT-MC en la peor posición en la intención del voto que han tendido en su historia como partidos coligados en elecciones federales.
Las alarmas sin duda deben estar encendidas debido a que, por más pataletas que haga El Peje, los 34 puntos que —según el seguimiento diario de MILENIO-GEA/ISA— lo separan del puntero Enrique Peña Nieto, no tienen otra explicación que el hecho de que su imagen y oferta son francamente anacrónicas.
Ni la absolutamente hilarante “república amorosa” ni las disculpas a diestra y siniestra han sido suficientes para deshacer la percepción entre los ciudadanos de que López Obrador es un político rencoroso, rijoso y enfadoso que, en lugar de empujar a México al futuro, pretende arrastrarlo al pasado.
Paradójicamente ocurre todo lo contrario en la Ciudad de México, donde la coalición PRD-PT-MC tiene un candidato joven, carismático y con un perfil cercano a los electores. Miguel Angel Mancera resultó el mejor ejemplo de que las izquierdas deben modernizarse y de que quien parece destinado a conducir ese proceso es el saliente jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard.
El previsible fracaso de López Obrador terminará en la ruptura del PRD y el político tabasqueño seguramente se irá con su Morena a seguir en su obsesiva búsqueda de la Presidencia. Así las cosas, el Distrito Federal quedará como su último reducto y el control de ese bastión lo tiene Ebrard, quien ya mostró su estatura como el único liderazgo que puede encabezar un proceso de cambio dentro de la izquierda para garantizar su supervivencia como opción de gobierno.
La suerte está echada. El Peje quedará condenado a frustración permanente y el PRD y sus aliados deberán recoger los pedazos de lo que quede tras la derrota para tratar de reconstruirse. Tienen sólo dos opciones: hundirse con el lastre de AMLO o intentar salvarse del naufragio y enfilar al futuro con Ebrard. A ver qué pasa.








