El pleito Calderón-Fox
Juego de espejosFederico Berrueto
Ayer, Carlos Puig decía que Fox y Calderón no se irían a cenar pronto. Tiene razón. También en aquello de que el pleito no es nuevo y para desgracia de Josefina Vázquez Mota y Miguel Márquez, candidato a la gubernatura en Guanajuato por el PAN, la reconciliación no está a la vista. A Fox se le ha maltratado y éste se la ha cobrado. Josefina tomó partido y ahora paga la afrenta hacia quien le abrió la puerta a la política nacional. Las palabras del ex presidente son lapidarias y reproducen la tesis de casi todos: sólo un milagro salvaría al PAN de la derrota el 1 de julio.
Manuel Espino ha hablado sobre lo malo de Calderón. A quien fue dirigente del PAN cuando ganó la elección, se le sacó de la dirección del partido y luego se le expulsó. Nada había que lo justificara que no fuera la razón sometida a la entraña. De la misma forma ocurrió con Santiago Creel, cuando se le removió de mal modo de la coordinación del Senado. Josefina corrió con mejor suerte, para sacarla del Gabinete se le envió a la Cámara de Diputados y, después, en vano, se le obligó ir al suicidio que sería la disputa por la gubernatura en el Estado de México.
Lo que más dañó la relación fue la inclinación del Presidente de culpar a su antecesor de negligencia por la inseguridad en el país. Los señalamientos fueron agresivos y ventajosos, no obstante que todos los funcionarios en materia de seguridad o procuración de justicia del actual Presidente fueran colaboradores del gobierno de Vicente Fox en la misma tarea. Hoy el PRI habla de los 12 años de mal gobierno panista y en ello no poco abona lo que Calderón ha dicho respecto a la gestión de su antecesor.
A Vicente Fox se le respeta en el exterior. En el PAN no pocos lo ven como el líder de los buenos tiempos y las buenas cuentas electorales. Su estilo desbocado —en los dos sentidos de la expresión— divierte y se le dispensa. Nunca ha sido ni ha pretendido ser hombre de luces ni de razones. Para el gobierno de Calderón ha sido un dolor de muelas y, en su momento, vía Germán Martínez y otros, se le pidió lo que para Fox es imposible: silencio o, al menos, moderación. ¡Te pego y te callas! fue el mensaje. Recientemente, después de un artículo contra la estrategia calderonista hacia el crimen, la PGR hizo presencia en el domicilio del ex presidente en una supuesta indagatoria judicial; un nuevo acto ventajoso de intimidación.
Las críticas de Fox a la estrategia en materia de seguridad tienen amplia aceptación. Hace unos días, en Guanajuato, un estudio de opinión preguntaba si se estaba de acuerdo con Fox de que los mexicanos deben exigir hoy al gobierno la paz y no esperar; tres de cuatro coincidieron con el ex presidente. En el mismo estudio se preguntó si los candidatos debieran pronunciarse por la continuidad de la estrategia del gobierno contra el crimen organizado, sólo 28% se pronunció a favor. Las expresiones de Fox no son muy afortunadas, pero están a tono de la mayoría.
Las consecuencias y los efectos a la campaña nacional del PAN por el desencuentro entre Fox y Calderón están a la vista, pero en el contexto local pueden ser devastadores. Por primera vez desde 1985, el PRI con Juan Ignacio Torres Landa está en posición de ganar la gubernatura. Cuando las campañas inician la diferencia es menor a un dígito y los problemas del PAN —locales y nacionales— pueden llevar a Guanajuato a la alternancia. Allí, Vicente Fox importa mucho y la exigencia de los panistas locales de amonestar al ex presidente por sus dichos es grave error. En Guanajuato las coordenadas partidarias han cambiado radicalmente; lo que muchos asociaban al PRI, la corrupción, se le asigna a los gobernantes del PAN, a grado tal que en León, plaza tradicionalmente panista, crecen los desafectos hacia los candidatos del PAN. Por los negocios inmobiliarios, se escucha la expresión Olivabá, manera de remitir al gobernador con licencia al personaje de ficción de las Mil y Una Noches.
Fox fue quien hizo ganar a Calderón. Lo manejó con descuido a su condición de presidente. Quizás lo movió la convicción personal de que AMLO representaba una amenaza al país y a él mismo. El presidente Calderón ha tratado a Fox con el desdén que viene desde 1997, cuando Fox gobernador se hizo de la candidatura presidencial a contrapelo de Calderón, entonces presidente del PAN. Pleito nuevo, rencores viejos. Ciertamente, para desgracia de Josefina y Miguel Márquez, Fox y Calderón no se irán a cenar pronto y a estas alturas de la contienda, quizá tampoco importe mucho.








