La deslavada campaña que nos recetó el IFE
InterludioRomán Revueltas Retes
He estado mirando las propagandas de los candidatos y no me dicen absolutamente nada, más allá de que la producción de los spots de Peña Nieto es decididamente superior a la de sus rivales.
Obrador juega peligrosamente con el espantajo de las señales negativas —desterradas de la contienda por cortesía de papá IFE, que no quiere que las cosas se pongan muy rudas en estos tiempos de artificial civilidad (o, mejor de dicho, de una corrección que nadie se traga porque, aparte de impuesta, va a contracorriente de los instintos de la especie humana y de las imperiosas realidades nacionales)— y nos presenta imágenes de un México grisáceo donde, como quien no quiere la cosa, se vislumbra por ahí la cabeza calva de cierto individuo que, si te pones en plan muy suspicaz y astuto, podrías imaginar que es la de un ex presidente llamado Carlos Salinas de Gortari, el personaje más denostado de la historia reciente. Pero, eso sí, en el momento en que se aparece el candidato, pues miren ustedes, se hace la luz e irrumpen alegres colores en el escenario de ese México amoroso que nos ha estado pintado el susodicho en sus recientes alocuciones.
Peña Nieto se promueve en todos los paisajes de la geografía nacional y, supongo, es su manera de dar gusto al respetable afincado en esa entelequia llamada la “provincia” y, con más propiedad, el “interior” (en oposición al “exterior”, que es lo que se encuentra fuera de nuestras fronteras). Esta combinación de pintorescos elementos turísticos y mensajes bien templados podría considerarse eficaz en caso de que no te preocupen demasiado los contenidos y la sustancia. Josefina, mientras tanto, se presenta como una tiesa recitadora de lugares comunes y frases precocinadas. No le crees. No te convence.
Bueno, la gran pregunta. ¿Esta insípida y machacona escenografía nos sirve de algo a los ciudadanos?
¡IFE, por favor, cambia urgentemente las reglas aunque se requiera un golpe de Estado!








