El suplicio no termina
Diego de Buen, Efraín Velarde y Fernando Espinosa.
Los aficionados de Pumas han perdido la sonrisa, salen de casa, tristes, desolados, amargados, frustrados, pero sobre todo: derrotados. Preguntan cuántos partidos más quedan en CU, cuánto suplicio más deberán tolerar. Universidad cayó una vez más, ahora 0-1 con Pachuca. La grada, que siente los colores en el alma, clama porque el tormento acabe, que la reingeniería del equipo les devuelva la ilusión que han perdido en las últimas semanas.
Pumas hace muy poco por su causa, casi nada, porque no corrige los errores que manifestaron desde el principio del torneo. Los pases en corto y en largo son un suplicio y de la falta de gol se han escrito tantas cosas que ya no hay manera de explicarla. Al equipo le hace falta gente que resuelva, que genere futbol, que sea certero cuando está en el área rival.
El equipo no carbura, todas las líneas comenten fallos, tantos que Guillermo Vázquez se cansa de gritar. El partido de ayer, en el primer tiempo, tuvo momentos para todo, un par de jugadas que fueron mal resueltas. Pero también otras cosas que no se explican, por ejemplo, por qué Guillermo Vázquez volvió a poner a Javier Cortés en la media de contención, cuando está claro que en ese puesto Javier pierde proyección, que le cuesta trabajo conectar y que Pumas baja su potencia en ataque.
Así, la mejor jugada de Universidad fue construida desde la primera línea, con toques rápidos. Marco Palacios para Fuentes, éste para Cacho quien proyectó a Nieto y éste habilitó de nuevo a Cacho, quien remató por encima, al 22’.
Pumas volvió a gozar de otra ocasión en los pies de Luis Fuentes, quien jugó como volante por izquierda y mostró buenas cosas a la ofensiva, pero también falló en la definición al echar el balón por encima. El equipo de Guillermo Vázquez, en otras acciones, se olvidó de la solidaridad en la cancha, ejecutaba y decidía mal, privaba el egoísmo y el mal pase.
Y Pachuca había dado un par de avisos que fueron resueltos por el portero Alejandro Palacios y en otros por su defensa. Para el complemento, Universidad volvió a tener ocasiones, pero la película de fallos volvió a repetirse.
Luis Fuentes tuvo una pésima definición ante el portero Rodolfo Cota. Después, Cacho recortó a un defensa y quedó de frente ante Cota, pero lanzó un tiro chorreado. Fueron los mejores momentos de Pumas, minutos que sirvieron para dejar claro que los refuerzos, han dejado de ser necesarios para ser obligatorios.
Al 80’, Francisco Torres cobró un tiro de esquina, Félix Borja se levantó en el área y marcó el gol de Pachuca, un cabezazo que fue un puñal más a las heridas del semestre. El tiempo se agotó, Universidad no logra encontrar la cura y semana a semana se lacera aún más.
Mientras, Jorge Borja, el residente del equipo se marcha con el mismo semblante de los aficionados, su mirada se pierde unos segundos. Sabe que tiene una empresa a la que le urge acción inmediata, es decir, refuerzos, recuperar la identidad, pero sobre todo que la afición vuelva a sonreír.
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Molestia generalizada
La desazón era evidente en el capitán de Pumas. Efraín Velarde salió a dar la cara en la conferencia de prensa tras el descalabro que su equipo sufrió ante Pachuca. El disgusto por el torneo que han realizado los universitarios se hacía evidente en el defensa, pues cada que era cuestionado respiraba tratando de que esto no se notará demasiado.
Velarde dijo que a pesar de que Pumas está prácticamente eliminado, no piensan en el próximo torneo pues, por ahora, todavía tienen tres juegos por disputar en el Clausura 2012. “Estamos muy molestos, pero aún así debemos de salir a jugar lo mejor posible, tenemos todavía juegos por disputar y pensamos sólo en eso. No estamos pensando en el otro torneo porque aún no termina éste”. Chispa también dijo que la responsabilidad de los resultados no caen en unos cuantos, sino en todo el equipo. (Gabriela Martínez )

Higinio Robles/Crónica








