Ejidos
Voces callejerasSantiago Fourcade
Qué difícil se nos vuelve admitir que tenemos miedo. En Nuevo León convivimos con él desde hace años y su figura nos arropa con una pesadez que hemos transformado en cotidiana. ¿Exagero? No lo sé. Es una cuestión tan compleja que no quiero caer en los lugares comunes de cifras negras y acusaciones que suelen decantar en las redundantes conclusiones sobre la inseguridad que exponemos los medios locales.
Pero aquí apunto a otra cuestión. A nuestra percepción. Esa que me encontró en la carretera a las nueve de la noche en el ejido Palmitos. Sudando y tragando saliva mientras aceleraba con las luces altas para llegar a comprar varias cervezas. Todo oscuro, el pueblo apagado y con mis pulsaciones que se asemejaban a una taquicardia que sólo pudiese sentirse en una zona de guerra ¿Dónde están todos? Seguro ya se guardaron porque los narcos patrullan este corredor entre Allende y Cadereyta. Debe ser eso, estoy en la que unos llaman: La Carretera de la Muerte. Debo apurarme. Veo poca gente, pero nadie saluda. De frente vienen varias camionetas con apenas las luces de posición puestas. ¿Serán sicarios? Por las dudas bajo la mirada y me vuelvo.
En el rancho todo era alegría. La música contrastaba con mi estrés. Varios lugareños conversaban con soltura. “Imagino que no encontraste nada abierto”; “sólo a ti se te ocurre salir en domingo por la noche para comprar alcohol”; “todas las tiendas cierran por la veda y aprovechan para descansar”.
¿Admito que tenía miedo? ¿Que ahora me siento como tonto al imaginarme una película que no era? No me preocupa decírselos, pero tampoco siento que allí radique el problema. Mejor cuestionar esa sensación que me come por dentro. Esa mochila de cien kilos que aprendimos a cargar sin darnos cuenta. Caminamos con ella repleta de muertes, secuestros y convencidos de una percepción que pocas veces cuestionamos. Repito, no le echemos la culpa obvia a los medios. Simplemente reflexionemos sobre la capacidad que tenemos para observar la verdadera realidad que nos rodea.








