La raíz del fuego
Escena de Los rollos perdidos.
El 24 de marzo de 1982 se incendió la Cineteca Nacional. Después de tantos años, aún no existe una versión clara sobre las causas del accidente. Con la idea de recuperar la investigación e invitar a una reflexión al respecto, Gibrán Bazán filmó Los rollos perdidos, un documental que vuelve a poner sobre la mesa una añeja hipótesis de Jorge Ayala Blanco y que centra la atención en Fernando del Moral, entonces coordinador del recinto.
¿Por qué inicia el documental sobre la Cineteca con el movimiento de 1968?
La primera premisa fue el 68 porque nos interesaba Servando González y su cercanía con el poder. Él se prestó a filmar la matanza del 2 de octubre con ocho cámaras y, además, guardó silencio sobre lo que vio. Nos parecía un personaje shakesperiano y oscuro. Luego un lector de mi columna en El Universal envió su testimonio sobre lo que sucedió durante la filmación. Al preguntarnos sobre el destino del material, descubrimos que llegó a la Cineteca en 1975. Todo esto nos pareció el motivo perfecto para suponer que por ello le prendieron fuego en 1982.
Aunque quemar miles de archivos por conseguir unos rollos sobre el 68 parecería un exceso.
A medida que nos metimos en el “caso Cineteca” descubrimos que no había una conexión lógica entre ambos puntos. La realidad es que gente con influencia no necesita incendiar un archivo para conseguir unas cintas. Aun así permaneció la duda sobre el origen del incendio. Es extraño, porque todo empezó en la Sala Fernando de Fuentes y ahí no se almacenaba nitrato; tampoco había tuberías de gas ni calderas.
Tenía dos películas: la de Servando González y el 68 y la de la Cineteca. ¿No resultó demasiado forzado juntarlas?
La nombramos Los rollos perdidos porque son dos casos conectados por la Cineteca. Ambas historias hablan acerca de la desmemoria del mexicano. De hecho, esa es una de las principales reflexiones de la película.
Además de Servando González, ¿tiene conocimiento de otros cineastas ligados al poder?
Es una tradición que exista un cineasta ligado al poder. Siendo secretario de Gobernación, Echeverría viajaba con fotógrafos como Rubén Gámez o Alex Philips. Servando González le daba clases de cine porque era un apasionado. Fernando Sariñana está muy vinculado con Felipe Calderón. Ángel Bilbatúa lo estuvo con Echeverría. Es más, los hermanos Bilbatúa han firmado contratos para filmar la infraestructura gubernamental.
En cuanto a la historia del incendio de la Cineteca, ¿a qué atribuye el silencio durante treinta años?
Imagino que es una inercia del México faraónico de los años ochenta. En ese tiempo, la línea fue el silencio y proteger a Margarita López Portillo, entonces directora de Radio, Comunicación y Cinematografía. Intentamos entrevistar a cincuenta personas relacionadas con el tema y se negaron. Hubo también testimonios que al final no pudimos usar porque los personajes se retractaron.
¿Por qué, si las tesis no apuntan necesariamente a Margarita López Portillo?
Por inercia. Alguien dijo que era un tema tabú, y así se pasó la estafeta hasta hoy en día. Lo real es que se trata de un episodio vergonzoso pues se desconocen las causas de la pérdida del acervo. Antes de la inauguración de la nueva Cineteca se debería intentar un acercamiento al tema. Hay una deuda pendiente con las nuevas generaciones. La implicación de Margarita López Portillo estuvo en esconder el tema, no dejar que se acercaran los peritos, ocultar el número de víctimas, dar teorías improvisadas. Otro mito es decir que ahí sólo había copias. Es inaudito escuchar a Gustavo García comentar que el incendio inició por el motor de una cortina.
Jorge Ayala Blanco señala como responsable a Fernando del Moral.
Ayala Blanco es el primero en poner atención a la explosión de las 18:45 en la Sala Fernando de Fuentes. Fernando del Moral era el coordinador de la Cineteca y por lo mismo era el responsable de los acervos y de lo operativo; aspiraba a ser un gran investigador. Él debe responder por qué los tanques de agua de los aspersores estaban vacíos, por qué no se había renovado el seguro, por qué no entró a la sala a avisarle al público que había un incendio. A lo largo de treinta años no se le ha recordado y la hipótesis de Ayala Blanco vuelve a sacarlo a la luz.
¿Qué le respondió cuando lo buscó para entrevistarlo?
Le hice siete peticiones por escrito. Además, le dejé recados telefónicos en la Cineteca de Coahuila. Respondió de la manera más extraña: a través de su abogado me dijo que no proporciona entrevistas sobre el caso de la Cineteca. Para mí esto refleja que hay algo turbio.
¿Que usted aparezca como entrevistado no es demasiado protagonismo?
Lo que sucede es que mis compañeros me propusieron aparecer, con el argumento de que fui yo quien recibió la carta anónima. Fue un recurso explicativo y de alguna manera detectivesco. Quisimos dar un rostro; no había afán de protagonismo.
Carlos Jordán / gonzalezjordan@gmail.com








