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"La Bella Durmiente", entre lo grandioso y lo incongruente

La Compañía Nacional de Danza presenta la séptima temporada de este clásico basado en el cuento de Charles Perrault, que Marius Petisa y Piotr Ilich Tchaikovski llevaron a la escena en 1890.

Dos parejas bromean en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, arreglado con banderas medievales. Están a punto de ver el estreno de la nueva versión de La Bella Durmiente que la Compañía Nacional de Danza presenta desde el miércoles y hasta el 24 de abril en ese lugar.

Se saludan con la vista, ríen y se cuestionan a gritos los unos a los otros:

—¿Cuánto pagaste para estar en primera fila?

—500 pesos, pero no se ve nada.

—Entonces está mejor mi lugar (la segunda fila del área preferente) y pagué menos de la mitad.

Enseguida ambas parejas vuelven a sus lugares. Faltan 15 minutos para que inicie la puesta en escena basada en el cuento escrito por Charles Perrault en 1697. Pero su impaciencia es demasiada. Retornan los gritos entre filas. Ahora con apodos de por medio.

Indio, desde esta segunda fila se ve todo.

—Sí, pero desde la primera puedo tocar a los bailarines. Mejor díganme cuánto pagaron en el área de preferente.

—Mucho menos y hasta nos dieron un sándwich.

Minutos después, Indio y su mujer intercambian con dos chicas sus asientos, 83 y 84 de la primera fila, y se van a lado de sus amigos. Las bromas siguen. Indio vuelve a hablar:

—Cuando compré los boletos en el trabajo no me importó nada, dije chingue su madre. Después me comentaron que los mejores lugares no estaban abajo, sino en las filas de en medio.

Comienza la obra. Al escucharse los primeros acordes de Piotr Ilich Tchaikovski, las dos parejas hacen silencio. La única luz que se aprecia en punto de las ocho de la noche es la de la luna y el único ruido que se percibe es el aplauso del público.

La primera parte está dedicada al bautizo de Aurora, cuando el rey Florestán invita a todas las hadas, menos a Carabosse, quien ofendida lanza un hechizo para que la niña al cumplir 16 años se pinche con un huso y muera. Sin embargo el Hada de las Lilas cambia el maleficio para que Aurora permanezca dormida hasta que un príncipe la bese.

Mientras esta escena ocurre, uno de los niños del público mira extasiado y pregunta:

—¿Papá, por qué hay caballeros con armaduras?

El papá no sabe qué contestarle y dice:

—Mira, también hay hadas, reyes, princesas y príncipes.

Cuando aparece Carabosse el mismo niño se asusta y cuestiona:

—¿Papá, qué es eso?

Al comenzar la explicación, el niño mira a su padre y hace como que grita en voz baja:

—¡Ya sé, papá! ¡Ya sé!

Las luces se encienden y se apagan. Iluminan el escenario y las gradas. Varios papás les explican a los hijos y éstos responden que ya conocen la coreografía creada por Marius Petipa, aunque, seguramente, no saben quién fue el bailarín ruso.

Justo en el momento en que comienza la escena del hechizo, cuando Aurora cumple 16 años, hay una gran celebración. Cuatro príncipes han acudido a cortejarla y el hada Carabosse le regala el huso con el que se pincha y permanece dormida cien años. El bostezo de un joven que se encuentra en la primera fila del área preferente es el preludio para que baje la guardia y empiece a ver por Facebook sus mensajes. Lo acompaña un amigo que al parecer también está aburrido porque hace lo mismo. Ambos tienen sueño. Bostezan: una, dos, tres veces. Eso sí, para no quedar mal, siguen a la gente cuando aplaude y dicen “qué bien, qué buena obra”.

Unos días antes del estreno, Sylvie Reynaud, directora de la Compañía Nacional de Danza, anunció que harían algunos cortes musicales a la puesta en escena, para agilizarla, pues originalmente dura tres horas y media y les parecía muy larga para que el público la pueda apreciar bien. Además tenían que adaptarla a las necesidades espaciales del Castillo de Chapultepec. La escena en la que más se nota el corte es en la que el príncipe Desiré, cien años después de que Aurora se pincha con el huso, la desencanta con un beso. En aproximadamente siete minutos, Desiré baja de su caballo blanco, se encuentra con el hada de las Lilas, quien lo conduce a Aurora, recostada en un diván, y éste la besa. Entonces, la gente suspira.

Hacia el final del montaje, aparecen personajes de otras obras infantiles: El Gato con Botas, El pájaro azul y la princesa Florine y Caperucita roja y el lobo. La gente no entiende a qué se debe. No saben que es un homenaje de la Compañía Nacional de Danza a Charles Perrault, autor de La Bella Durmiente y de las obras antes mencionadas. Nadie les explica.

Al terminar, el público se debate entre lo grandioso de La Bella Durmiente y la incongruencia de no saber explicar a tiempo las razones por las cuales se le hace un homenaje a Charles Perrault y sus piezas.

:Claves

Modificaciones

►La obra original dura tres horas y media. Sin embargo, se decidió acortarla a una hora y media para adaptarla al escenario del Castillo de Chapultepec.

►El encargado de hacer estas modificaciones fue el coreógrafo Jorge Cano, quien se centró en acortar la música de Piotr Ilich Tchaikovski.

Emiliano Balerini Casal/México