Benedicto
Frank Lozano
Ven edicto, dijo el abogado.
Benedicto, como sus antecesores, posee una doble identidad: es el político y es el hombre de fe, es el hombre de Estado y es el líder religioso. Desde esa doble condición emitió diversos mensajes a los mexicanos y sus autoridades: paz y esperanza y el cese de la violencia, los más contundentes. Ambos mensajes ratifican la percepción internacional de un México lacerado por la violencia y de una ciudadanía que exige un cambio de timón en la lucha contra el crimen organizado.
La presencia del Papa no significa un espaldarazo a nadie. Si bien los tiempos políticos son delicados, por la cercanía de las elecciones, a quienes hay que achacarles el lucro indebido de los tiempos, es principalmente, a los legisladores federales: campeones en mezclar el agua con el aceite.
Se equivocan los que piensan que el Papa viene a operar políticamente a favor de alguien y sobre todo, subestiman la madurez del elector nacional. También se equivocan quienes piensan que la incursión de un líder religioso quebrantará las premisas del estado laico. La agenda de la Iglesia católica es y ha sido clara y abierta desde siempre: anhelan la impartición de clases de religión en las aulas; se oponen al aborto, a la muerte asistida y a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Fenómeno aparte es la reacción de los intolerantes, sí, los mismos que aplauden la visita del Dalai Lama u otro líder religioso, escupen la presencia del prelado de Roma.
¿Qué le deja a México la visita del papa Benedicto XVI y viceversa? Los católicos mexicanos cobijaron al pontífice en un momento en que la Iglesia católica es cuestionada en todo el mundo ante la reacción tardía y tibia del Vaticano frente al tema de los abusos sexuales a menores, por parte de sacerdotes. La clase política mexicana, especialmente los candidatos presidenciales, aprovecharon cada uno en su estilo para hacer visibles sus posiciones y diagnósticos sobre el país. A Benedicto XVI le faltó profundizar en las razones de la violencia, que a mi juicio, están bien reflejadas en la carta que le hizo llegar Andrés Manuel López Obrador: la desigualdad y la pobreza son el problema medular de este país.
Benedicto terminó su gira y los mexicanos nos quedaremos como antes de su llegada: con un país en convulsión, con una clase política chata y oportunista y con el consuelo de la esperanza, esa puta que nunca nos cobra y siempre nos sale cara.









