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¿El nombre es lo de menos?

Defensora del lectorMaría Elena Hernández Ramírez

Cuando el escritor tapatío Carlos Valdés (RIP), tituló a una de sus obras “El nombre es lo de menos” (1961), no quiso dar malos consejos a los reporteros. En periodismo, el correcto manejo de los nombres es una obligación que se da por hecho: es básica. Qué, quién, dónde y cuándo, son las preguntas más sencillas que un reportero tendría que responder en sus notas. El cómo y el por qué son cuestiones que conllevan mayor grado de dificultad (no todos las responden). En el caso del nombre, no hay excusa posible: debe verificarse antes de ser publicado. No es lo de menos.

Cultura es cultura

En materia de deportes, política, espectáculos, economía, seguridad pública o cultura, un apellido puede hacer una enorme diferencia, tanto para el actor social del que se habla, como para el lector que se cree informado con lo que se le cuenta. Sin embargo, las erratas toman una mayor dimensión cuando se trata de Cultura. Lectores particularmente interesados en el tema me han hecho llegar observaciones de casos sintomáticos.

Uno de enciclopedia

El 24 de enero, se reseñó la presentación de la obra Jalisco en el mundo contemporáneo. Aportaciones para una enciclopedia de la época. Funcionarios de alto nivel participaron como presentadores, entre ellos Luis Aguilar Villanueva, miembro del Comité Internacional de Expertos de la red de Administración Pública de la Organización de las Naciones Unidas (UNPAN).

En la nota “Presentan un reflejo del Jalisco contemporáneo”, la reportera Miriam Pulido se refiere al funcionario de la UNPAN como a “Ruiz Aguilar Villanueva”. El lector Antonio Venzor, detectó el error y escribió en su muro de Facebook: “Primero, MILENIO no publicaba notas de cultura, ahora que lo hace su reportera lo hace mal, ni siquiera sabe los nombres de los protagonistas y tergiversa lo dicho por ellos. La reportera se perdió en el descuido y en la superficialidad.”

Siguiendo la conversación (que se me autorizó publicar), Salvador Virgen responde: “Parte del problema es que mandan a la misma persona a cubrir una exposición de grabados contemporáneos, a un ballet folklórico, a una presentación de un libro de sociología, a un concierto de jazz y a una charla de arquitectura; probablemente el mismo día. No hay quien tenga un campo de miras tan amplio como para decir cosas inteligentes sobre asuntos tan diversos, y si lo tiene, probablemente no trabajaría por lo que le pagan” (…).

Vuelve Venzor: “Quizá el problema no sea la multiplicidad de actos a los que tiene que asistir un reportero o una reportera, ni la falta la especialización en cada disciplina, sino la falta de oficio de comprender lo que sucede en el acontecimiento de que es testigo y en la imposibilidad de describir fielmente lo acontecido. Imaginar que Luis F. Aguilar se llama Ruiz, es descuido de no leer el cartelito que tenía el personaje frente a sí en el presidium” (…). Es claro que no se intentó verificar.

Nombres, nombres…

“¡Recórcholis, Batman, tenemos un nuevo compositor! Acaban de inventar a G. Verdini. Por mi madre...” –Francisco Arvizu Hugues, en su muro de Facebook.

El viernes 9 de marzo se publicó una crónica de Miriam Pulido sobre el concierto que ofreció la Orquesta Filarmónica de Jalisco en el Mercado Libertad de San Juan de Dios, como parte del Programa 2 de la Primera temporada 2012. Efectivamente, en la nota se lee que “Después llegó G. Verdini con el coro triunfal de la ópera Aida, después con el Coro de los esclavos de la ópera Nabucco y el Coro de los herreros de la opereta El trovador,”(…).

Más allá del estilo narrativo y de errores como citar la exclamación “hay vámonos” (sic), quise encontrar la razón por la cual se rebautizó a Verdi. Descubrí que el error ocurrió también una semana antes, pero fue corregido por el editor en turno. ¿Cómo lo sé? Por un desfase existente entre las versiones impresa y en línea de esta nota: “Daniela Liedman, de 9 años, será solista en la OFJ”. La versión en línea (1º de marzo 3:38 P.M.) aún dice: “El repertorio incluirá piezas de L.V. Beethoven, W.A. Mozazart, A. Márquez, G. Verdini, A. Borodin y P.I. Tchaikovsky.” En el impreso del 2 de marzo no hay errores ni en el apellido de Verdi ni en el de Mozart.

Verificar, obligatorio

Aun para las personas ignorantes en materia de música como lo soy, hay recursos para revisar. Anoté “G. Verdini” en mi buscador favorito. En automático arrojó una larga lista de entradas con el nombre de Giussepe Verdi. Google preguntó “¿en verdad busca G. Verdini? Dije que sí y me llevó a un blog de novedades agropecuarias.

Confusión plástica

El lector José Guadalupe Ramírez considera que “imperdonable” es “el único adjetivo para describir el error de la reportera Alejandra Leyva” quien en la sección “cultura” del sábado 10 de marzo “confunde no una sino CUATRO VECES, al pintor José Antonio Martínez Guzmán con el también pintor Antonio Ramírez, al anunciar una exposición del primero en la casa museo ‘José Clemente Orozco’ (…).”

La nota tiene datos de un boletín de prensa de la Secretaría de Cultura de Jalisco que usaron otros medios, pero presenta la información con cierta “creatividad” y, quizá, con frases de alguna entrevista telefónica. Pero el error reportado por el lector sólo está en MILENIO… versión en línea, no en la impresa.

El lector pregunta: “¿Y el editor de la sección? ¿Dónde andaba mientras tanto? Considero que tanto el editor como la reportera le deben ofrecer una disculpa a ambos artistas.”

Editores multiplataforma

Consulté a Ignacio Dávalos, editor de Cultura, si examinó las notas en cuestión: “Sí, siempre reviso las notas antes de que se publiquen (a excepción de mis días de descanso, como en el caso de Antonio Martínez). En el caso de Verdi, debo aceptar que el error ocurrió en mi día y se fue.” Pregunté si también revisa lo que se produce para otras plataformas… Afirmativo. “Asumimos el error y esperamos no repetirlo.”

Empiezo a entender a los editores y reporteros que atienden más de una plataforma informativa: aunque nadie me lo pide, tengo que comparar. Los lectores envían quejas del impreso y el online. Revisar la edición en papel, la versión en línea y el trabajo que los reporteros hacen para la radio me está desbordando.