La verdadera transición energética
Carlos Heredia ZubietaCarlos Heredia Zubieta
Hoy 18 de marzo se conmemoran 74 años de la expropiación petrolera. Más allá de que Pemex y CFE sufren del contratismo, la corrupción, los privilegios de las cúpulas sindicales y la ineficiencia administrativa, la pregunta clave es qué nos depara el futuro en materia de energía.
Las opiniones son contrastantes. Hay quien asegura que tenemos petróleo crudo para rato y que el descubrimiento del ‘gas de esquisto’ (shale gas) deja atrás la preocupación respecto al suministro futuro de energía. Otros señalan que el agotamiento de Cantarell nos empuja a adoptar fuentes alternativas.
La catástrofe de Fukushima ha inducido una revisión de la estrategia nuclear. Aunque es una energía ‘limpia’, los riesgos de seguridad que entraña se han mostrado inmanejables. Sin embargo, entre los grandes países industrializados, sólo Alemania ha descartado la apuesta nuclear por entero; a pesar del desastre, Japón no ha renunciado definitivamente a esta opción, y Francia y el Reino Unido siguen apostándole como vía estratégica de suministro de energía. Estados Unidos y China se encuentran en una posición intermedia.
En México la energía nuclear es apenas un muy pequeño porcentaje de la generación total. Somos altamente dependientes de combustibles fósiles, asociados a altas emisiones de carbono. Dado que la energía nuclear continuará siendo cara y riesgosa, para cambiar nuestro sistema energético habrá que transformar la manera en que producimos, distribuimos y consumimos la energía.
La verdadera transición energética tendrá lugar cuando transitemos de la energía no renovable a las nuevas tecnologías. En vez de invertir únicamente en la generación en grandes centrales, tenemos que aprender e instrumentar las tecnologías fotovoltaica, eólica y térmica solar.
Hemos de cambiar nuestros hábitos energéticos y prácticas cotidianas en las fábricas, las oficinas, y los hogares. Nos urge apostarle al transporte colectivo y a la bicicleta, construir con materiales que reduzcan el consumo de energía, incrementar el tratamiento y reciclamiento del agua, adoptar las ‘azoteas verdes’ en las ciudades, etc. El destino ya nos alcanzó. Construyamos una cultura ambiental sustentable.








