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Certificación de nuestra democracia

De monstruos y políticaMarco Rascón

Aunque hace 15 años ha quedado borrado el recuerdo de la entrevista de William Clinton, presidente de Estados Unidos, a México con los presidentes de PRI, PAN y PRD, ahí se inició el paso de la certificación estadunidense a México a una especie de certificación de nuestra democracia.

Fueron entonces, en aquel mayo de 1997, Roque Villanueva, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador los que antier, en un protocolo parecido, protagonizaron los actuales candidatos a la Presidencia de la República y donde el centro del mensaje fue que habría reconocimiento y disposición al trabajo conjunto, con el que resultara ganador de la contienda de julio de este año (por si habría duda).

En aquel encuentro con el presidente William Clinton, hoy rebajado a nivel de vicepresidente con Joseph Biden, se dijeron y negaron cosas, como un posible Plan Colombia para México, que, contra estas afirmaciones, hoy se llama Plan Mérida y es igualito no sólo en objetivos y formas, sino en tipos de protagonistas, que van desde coordinaciones más allá de la soberanía mexicana, hasta políticas de extradiciones que generaron en Colombia el terror y la guerra, y el desarrollo del paramilitarismo como brazo de la limpieza social.

De las entrevistas con los candidatos presidenciales, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, habló el protocolo a manera de mensaje, resultando que la única que no puso en el centro de su discurso el tema de la seguridad fue la candidata del partido gobernante, el PAN, que cerró, a manera de principal de la tarde, el último encuentro con Biden.

Como historia: hace 15 años, Clinton eludió dar un discurso ante el Congreso mexicano, como marcaría el protocolo de visita de jefe de Estado, salvando el interés por la pluralidad política, mediante la reunión con los presidentes de los tres principales partidos y dando a esta nueva forma de protocolo el carácter de certificación a la democracia mexicana.

Curiosamente, con esta reunión finalizaba la práctica de la certificación de Estados Unidos a las políticas mexicanas contra el narcotráfico y que coincide en el tiempo en que Clinton admitiera que eran el 50 por ciento del consumo mundial de drogas y en que naciera la nueva política de pagar al narcotráfico con droga y ya no con dólares, y no hacerlo por aire, sino por tierra, lo que dio origen a la guerra por las rutas y el narcomenudeo, transformándonos de país de tránsito en consumidores.

Haciendo un recuento de los encuentros y agendas entre gobiernos de EU y México, puede recordarse que él único en 80 años que no se reunió con el norteamericano fue el presidente Lázaro Cárdenas. Con Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz el tema central fueron las cuotas de braceros y la devolución del Chamizal en Ciudad Juárez. Luis Echeverría, con Gerald Ford en Nogales, Sonora, el tema fue el petróleo y luego la distancia ante la política de los No Alineados impulsadas por el gobierno mexicano. Con José López Portillo regresa con fuerza el tema del petróleo, gasoductos y reservas petroleras; con Miguel de la Madrid el tema de la deuda externa, y con Carlos Salinas, al grito de “¡no queremos ayuda, queremos negocios¡”, el Tratado de Libre Comercio (TLC) y la integración del bloque comercial que hoy nos homologa no sólo en seguridad, sino en política, y nos convierte en parte de la política interna norteamericana que destruyó nuestro desarrollo económico propio y vulneró nuestra soberanía.

En ese sentido, y ya con los procesos de certificación que anunciaron, nos dieron permiso para una alternancia controlada; de cambiar de partidos pero no de políticas económicas e integradoras. Finalmente, vino Ernesto Zedillo a manera de procónsul, a dirigir esta transición mexicana, rigurosamente rescatada financieramente, vigilada y supervisada desde el norte.

Ya con Vicente Fox no quedó duda de que los cambios estarían regulados por los intereses económicos y los conceptos de seguridad hemisférica que han culminado en el Plan Mérida, que significó la declaración de guerra que hoy norma la política del gobierno.

Por sí o por no, hoy estamos en lo que se dijera en el congreso norteamericano en 1993 y que planteaba que “México ya estaba preparado para los cambios de carril y de velocidad, pero no de autopista”.

Hoy, el vicepresidente Joseph Biden ha venido a certificar que nos mantengamos en su autopista y, por la forma del protocolo —que nunca han usado en Canadá por cierto—, la representante de la continuidad certificada es Josefina Vázquez Mota, la cual no tuvo que centrar su discurso sobre seguridad, pues es un sobreentendido, dejando ese papel de definiciones a los otros dos aspirantes.

Lo bueno fue que en esta certificación nos salvamos de un discurso en inglés de Enrique Peña Nieto.


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@MarcoRascon