Buena y mala…
HeterodoxiaJosé Antonio Álvarez Lima
La buena es que la industria de las encuestas parece afinar la puntería y mejorar su desempeño. Esperamos que pronto entreguen mediciones en los estados que tienen elecciones locales.
La mala noticia es muy mala. Me refiero a las listas filtradas por todos los partidos de sus candidatos plurinominales al Senado y la Cámara de Diputados.
La mayoría de ellos carga con dos estigmas. Son los equipos perdedores en las contiendas internas por la candidatura a la Presidencia, y son los mismos congresistas que hemos visto los últimos 30 años.
Es lógico concluir que estas figuras que llegarán a dominar el Poder Legislativo del país se comportarán tal y como lo han venido haciendo hasta hoy: chantajeando, simulando, retrasando, secuestrando.
Estos señores y señoras, que son los únicos que ya tienen desde ahora su pase al poder sin que nadie haya votado por sus personas, son los dueños de las burocracias, los dineros y los privilegios de los partidos. Ellos son el rostro de la partidocracia.
Y son ellos, una vez más, con absoluto desprecio a la opinión ciudadana que los ha calificado muy mal como legisladores, quienes se han autonombrado diputados y senadores, otra vez, saltando de una cámara a otra.
Por tanto, nos esperan otros seis años más de legisladores improductivos que realizarán innumerables foros, coloquios, conferencias, talleres y spots inútiles y mentirosos para no legislar los cambios que el país necesita.
Porque su verdadera intención es mantener a la sociedad en la ignorancia y la sumisión, y a la clase política, en la opulencia y la impunidad.
Los veremos negándose a modificar el bodrio legislativo electoral que ellos mismos redactaron en 2007 para limitar la libertad de expresión y desanimar la participación ciudadana.
Los oiremos negarse a modificar la obsoleta legislación energética del país para así mantener los privilegios sindicales.
Frente a todo el país dirán, una vez más, que no hay condiciones, tiempo o elementos para reformar la educación, simplificar la recaudación, reducir los privilegios fiscales, acotar los monopolios, democratizar los sindicatos, modernizar las condiciones de trabajo, darle un marco de seguridad a las fuerzas armadas, revisar las deudas de los estados, transparentar el gasto público, castigar a los corruptos, perseguir el lavado de dinero…
Pueden ser otros seis años perdidos para el país. Quien quiera que gane: Peña, Josefina o López, será rehén de un Congreso dominado por legisladores resentidos y decididos, por tanto, a hacer valer su poder mediante el tortuguismo legislativo.
Ya no hay manera de cambiar esta lamentable situación. La ley que ellos redactaron está a su favor.
La única esperanza que queda es que los legisladores fieles a quien gane la Presidencia —Peña, Josefina o López— construyan mayorías con los legisladores que sí ganaron sus elecciones y sometan a los inmovilistas plurinominales.
La otra sería la revocación del mandato, pero esa, obviamente, no está legislada.
La amenaza de que la partidocracia pueda, nuevamente, maniatar al próximo presidente y detener el desarrollo del país es real.
Tal cual.








