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Trabajadores malditos

PeriscopioJuvenal González González

Desde los más remotos tiempos, los trabajadores asalariados (obreros, campesinos, empleados) han sido tratados con soberbia y desdén. Son los nacos, la chusma, la plebe, la prole.

En el fondo se trata de que ellos no se aprecien a sí mismos y, así, evitar que adquieran conciencia del valor de su trabajo y la fuerza de su unidad. Para impedir semejante amenaza, los poderosos no escatiman en usar la represión violenta, así lo registra la historia a través de los siglos, desde las comunidades esclavistas hasta la aldea global.

Han sido necesarias largas y cruentas luchas para que los trabajadores hayan logrado importantes conquistas sociales, laborales y sindicales, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las organizaciones y partidos obreros de Europa: anarquistas, socialistas, comunistas y socialdemócratas, rompieron la hegemonía de la aristocracia y la alta burguesía, extendiendo su influencia al mundo.

El auge de los partidos de las clases trabajadoras se acrecentó con la crisis del 29 que, como siempre, se cebó sobre los más jodidos generando altas tasas de desempleo, carestía y pobreza. Para frenar el ascenso proletario, los gobiernos de derecha, los grandes empresarios y las iglesias, apoyaron y financiaron al fascismo, lo que representó la sustitución de la lucha electoral y política por la guerra y las armas, que luego se revirtió en contra de los patrocinadores que incubaron el huevo de la serpiente.

La guerra significó la muerte de 20 millones de soviéticos y 6 millones de judíos, buena parte de ellos militantes comunistas, sindicalistas, intelectuales de izquierda y activistas antifascistas, lo que demuestra contra quien apuntaban las armas hitlerianas.

La decisiva ofensiva soviética y su toma de Berlín, determinaron la división de Europa (y el mundo) en dos bloques, socialista y capitalista, que duró hasta 1989 con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética en 1991, eventos que marcan el sometimiento del mundo por el capitalismo salvaje.

Dos décadas de orgía financiera han bastado para hundir al mundo en un mar de conflictos provocados por la obscena acumulación de riqueza en una minoría ridícula, como dijo aquel, y el empobrecimiento de grandes masas de la población mundial.

Pero el cinismo y el abuso de los poderosos no tienen límites, exigen que el costo de su desenfreno lo paguen los trabajadores y se cobran a la mala (antes se decía a lo chino pero ya no encaja). La usura financiera mezclada con la ineficacia y corrupción gubernamentales, ha producido un mortífero coctel que corre por las venas del mundo. Y el antídoto que pretenden imponer es desangrar, aun más, a los desposeídos.

La derecha triunfante en España ha dictado medidas antilaborales propias del siglo XIX, aboliendo el Estado de bienestar. Ahora los patrones pueden despedir a una persona con una indemnización insignificante y cambiarles horario o lugar de trabajo a su antojo. En Grecia un gobierno tecnócrata, impuesto por las potencias europeas, redujo los salarios y las pensiones, además de un despido masivo de empleados públicos. Y sobre ese alambre caminan todos los países que cayeron en las garras de la usura internacional.

Esa rapiña ha provocado violentas reacciones populares y sindicales en todo el mundo y sus consecuencias son impredecibles. Pero México es un país maravilloso. Aquí se impone un salario mínimo que es una burla y una ofensa. Se ha modificado el régimen de pensiones y jubilaciones en beneficio de los bancos y perjuicio de los trabajadores. El desempleo es inaudito e inédito. Los precios de la luz, el gas, la gasolina, el diesel, los servicios, los alimentos y las medicinas, se incrementan sin control ¡y no pasa nada!

Como producto de ese desahucio social, se han incrementado la emigración, la economía informal, la delincuencia, el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, el contrabando, la piratería, la violación a los derechos humanos y la violencia desatada por la guerra de Calderón lleva a cuestas más de cincuenta mil muertos ¡y no pasa nada!
Es que si la educación está en crisis, es culpa de los maestros; si la seguridad pública no funciona, es culpa de los policías; si la economía no crece, es culpa de los sindicatos; si México no gana medallas olímpicas, es culpa de los deportistas; si Pemex está quebrada, es culpa de los petroleros; si la electricidad es cara y hay apagones, es culpa de los electricistas; si los mineros se accidentan, es porque trabajan drogados; si el transporte público es mortal, es culpa de los choferes; si hay corrupción en el gobierno, es culpa de los empleados. Et al.

Y ya en el colmo de la esquizofrenia, la candidata del partido que ha conducido a México al peor desastre de su historia, apoyada ilegalmente por Calderón, la derecha empresarial y la iglesia, ¡puede ganar haiga sido como haiga sido!

La culpa es de los malditos trabajadores.

Cheiser: Dice Leo Zuckermann reconocido miembro de la comentocracia neoliberal, que el gabinete propuesto López Obrador sería un gobierno de la tercera edad. Pues bienvenido sea, después de 12 años de padecer una runfla de chamacos y tecnócratas ignorantes, metrosexuales, ineptos, mentirosos y corruptos, al país le hace falta un gobierno sensato, capaz, con experiencia y, sobre todo, con sólidos valores éticos y humanistas, con amor y compromiso hacia México y los mexicanos. Le urge.

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