隆Dios es mi copiloto!
Vuelta prohibidaN茅stor Ojeda
Felipe Calder贸n, presidente de M茅xico. Foto: Alfredo Guerrero/Notimex
Algo anda mal cuando desde el gobierno se promueve y machaca con insistencia goebbeliana la confusi贸n de ideas y principios fundamentales para la convivencia arm贸nica de la sociedad.
Desde el atropellado inicio de la gesti贸n de Felipe Calder贸n, por ejemplo, la administraci贸n panista ha hecho un batidillo con el manejo de conceptos como seguridad nacional, seguridad interna y seguridad p煤blica, con el 煤nico fin de justificar su fallida estrategia contra el crimen organizado, en la cual el Presidente finc贸 la propaganda para legitimar su gobierno.
Lo mismo pasa con los derechos humanos. De manera intencionada y mentirosa (igualito que en su momento hicieron Arturo Montiel y su publicista Carlos Alazraki), el propio Calder贸n acusa a los delincuentes de ser los principales violadores de los derechos humanos y las garant铆as individuales, sabedor de que 鈥攃omo establecen todas las convenciones internacionales鈥 los derechos humanos s贸lo pueden ser atropellados por el gobierno, sus funcionarios y sus instituciones. Los criminales s贸lo delinquen y vejan, por lo que tienen que ser perseguidos y encarcelados para garantizar la seguridad de las personas y sus bienes. Punto.
Triste y aterrador es ver c贸mo la administraci贸n calderonista se ha dedicado a torcer ideas, conceptos y leyes para confundir deliberadamente a la sociedad en temas tan relevantes como la seguridad, los derechos humanos y hasta la religi贸n.
Al respecto, censurables son las invocaciones a Dios en el discurso de Calder贸n del 1 de diciembre a prop贸sito del quinto a帽o de gobierno. De entrada, bien har铆a el Presidente en respetar la laicidad de su investidura y, de pasada, a los no creyentes que se espeluznan cuando su mandatario atribuye a una deidad las 鈥減lagas鈥 que azotaron a M茅xico los 煤ltimos cinco a帽os y, para acabarla de amolar, se encomienda a ella para enfrentarlas.
驴D贸nde est谩 la sobriedad de los gobernantes que, respetuosos de todos sus gobernados, guardaban su credo en la vida privada? Se acab贸 con la pat茅tica exhibici贸n de Vicente Fox, que se agarr贸 de un crucifijo al llegar al poder, y con Calder贸n mentando a Dios.
Se puede calificar este juicio de excesivo o jacobino, pero el discurso en el que un presidente pone el pensamiento m谩gico-religioso por encima de la racionalidad, la pluralidad, la tolerancia y la institucionalidad equivale a que yendo en picada el avi贸n, el piloto pretenda calmar los temores de los pasajeros dici茅ndoles: 鈥淭ranquilos, Dios es mi copiloto鈥.








