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Peña-AMLO-Josefina: ¿tienen ideas?

Alan Arias Marín

La pregunta no es retórica ni domina en ella la mala leche. Sobre todo si atendemos a la vieja advertencia de Roland Barthes (Mitologías, 1957) acerca de la extrema escasez de ideas o, más entrañablemente al cuento de Felisberto Hernández (Almacén de ideas, 1947), la búsqueda de aquella gran idea que de tan buena y difícil y huidiza como era, terminó extraviada para siempre.

¿Qué las ideas son escasas y difíciles? Usted dirá. La intensa campaña electoral que vivimos en la realidad, donde los candidatos debaten y se exhiben a diario en los medios, aunque —claro— como bien sabemos, no es una campaña, sino una proto todavía no pre y mucho menos ya una campaña, obvio que no hay candidatos sino aspirantes y el infierno más temido es llegar a incurrir en algún “acto anticipado de campaña” (¡Ay!¡Horrorosa ilegalidad!). Hay una ley electoral que nadie cumple, absurda y sin ideas, que proclama que lo real no existe y que lo real para existir tiene que ser simulado porque si no pierdes y aquí el asunto es… ¡ah! sí, la cosa es política y, por tanto, de ganar se trata. ¡Uff! ¿Captaron la idea? No es tan fácil esto de las ideas, su volatilidad, extravío, escasez y su perturbadora capacidad para la simulación.

Pues bien, antes de que el destino nos alcance —más de 40 millones de spots— (leyó usted bien), que el ruido mediático nos atosigue y embrutezca, que hartos apaguemos la radio del auto y paranoicos recurramos al zapping frenético en la televisión, vale la pena indagar y revisar —aún si escuetamente— las ideas que Peña, AMLO y Josefina, los más que probables candidatos, han expuesto en el viejo, clásico e imperecedero formato de libros —sigue teniendo caché escribirlos— bajo su firma (AMLO reconoce la autoría colectiva con la coordinación de Jesús Ramírez Cuevas), recientemente publicados.

El más reciente —la semana pasada— es el de Peña Nieto, México, la gran esperanza. Un Estado eficaz para una democracia de resultados; Josefina Vázquez Mota presentó también la semana pasada, en España, Nuestra oportunidad. Un México para todos; a su vez AMLO ya había sometido a consulta y debate público el libro Nuevo proyecto de nación (marzo de 2011), reelaboración y actualización de Un proyecto alternativo de nación (2004).

Los de Peña Nieto y AMLO sí son libros. Presentan diagnósticos, críticas y propuestas. Más sistemático, homogéneo y técnico el de Peña Nieto, más contestatario, ideológico en buen sentido (igualitario) y programático el de AMLO. El libro de Vázquez Mota no lo es en rigor, toda vez que está compuesto de entrevistas diversas a personajes misceláneos afamados (De Aznar y Condoleezza Rice a Joaquín Villalobos y Butragueño).

El libro de Peña Nieto, flanqueado en la presentación pública por Aguilar Camín y Sánchez Susarrey, intelectuales cercanos a Televisa y Tv Azteca respectivamente (y debidamente arropado en los programas de opinión de las televisoras), comienza con un diagnóstico severo respecto de las condiciones actuales del Estado mexicano. Estado disfuncional en planos estratégicos: las condiciones de seguridad de la población, su responsabilidad en el crecimiento económico y la creación de empleos, el proyecto educativo y la calidad de la educación, así como en seguridad social, su cobertura y nivel de sus servicios.

Tres grandes finalidades delinean el proyecto: efectividad real de los derechos estipulados en la Constitución, crecimiento económico en correspondencia con las potencialidades del país y recuperación de un liderazgo propio de potencia emergente. El leitmotiv del mensaje de Peña Nieto, ortodoxo en comunicación electoral, es terminar con el miedo y renovar la esperanza (contrapuesto al mensaje plebiscitario de AMLO, de probada efectividad en 2000, cambio o más de lo mismo, ruptura de la continuidad de lo igual —PAN/PRI—; ambas propuestas contrastantes con el vacío y elusivo continuismo de Vázquez Mota).

Peña Nieto articula su reflexión y sus propósitos a una reforma fiscal integral y dedica buen espacio a prefigurarla. La convierte en premisa de sus planteamientos; toda propuesta debe contar con el respaldo de recursos públicos suficientes o se convierte en demagogia. La reforma hacendaria ha de ser el gran propósito de un nuevo pacto social, sólo así se puede aspirar a hacer efectivos los derechos y a garantizar seguridades. Complemento indispensable es la reforma de Pemex, apertura a inversiones privadas y mantenimiento de su carácter estatal. Más allá de los requisitos sabidos de ampliación de la base de contribuyentes, reducción de exenciones y privilegios fiscales, redefinición de atribuciones fiscales de estados y municipios, simplificación de cobro y cómputo de impuestos; en el texto, Peña Nieto valora la transparencia y eficacia del gasto como el requisito de “la moral de pago y la confianza de los contribuyentes”. (Fin parte 1).

FCPyS-UNAM. Cenadeh.