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El reino de los itamitas

Duda RazonableCarlos Puig

Ayer en la Ciudad de México se reunieron gracias a la convocatoria de Alejandro Legorreta en el Value Investing Forum empresarios, inversionistas y quienes manejan portafolios a escuchar a tres de los aspirantes a la candidatura presidencial: Josefina Vázquez Mota, Manlio Fabio Beltrones y Marcelo Ebrard.

Como era de esperar en ese foro, la inquietud tenía que ver con una economía de comportamiento mediocre y falta de inversión. Hablamos en el foro de lo que creo es una paradoja de nuestras clases dirigentes desde hace algunos años y que se verá exacerbada en la próxima contienda presidencial.

Me explico: los principales contendientes tienen como principalísimos asesores a economistas del ITAM. Es más, entre ellos —los asesores— son buenos amigos en lo privado, más allá de pertenecer a diferentes partidos; no son exactamente compañeros de clase, pero no están tan lejos en edad. Compartieron maestros, compañeros, ideas. En lo fundamental, Luis Videgaray o Mario Delgado, o José Meade o Miguel Székely, por mencionar algunos, comparten diagnósticos y hasta soluciones a problemas de recaudación, gasto, inversión, crecimiento. Es más, muchos de ellos son amigos personales y se tienen considerable respeto en lo técnico.

Es una nueva tecnocracia con más sentido social que la anterior generación. Los economistas del ITAM son hoy a la política mexicana lo que ayer fueron los abogados de la UNAM y en otro momento los ex alumnos del Colmex. Valga hacer notar que hay una excepción con Andrés Manuel López Obrador con Rogelio Ramírez de la O, de la UNAM y Cambridge, y Adolfo Hellmund del Tec de Monterrey y el MIT.

Hacíamos esas cuentas cuando en el foro se preguntaban qué tan intenso será el debate de política económica durante la próxima elección, y si quedara Marcelo Ebrard en la izquierda, pues.

El dilema mexicano tiene que ver con asuntos que en el ITAM no enseñan.

Videgaray, Meade y Delgado podrían ponerse de acuerdo en un par de días en cuál es la solución técnica para detonar mayor crecimiento. Pero esas soluciones enfrentan, a la hora de aplicarse, grupos de poder real que no fueron al ITAM, pero que son expertos en defender sus intereses, sus cotos. Desde que llegaron los itamitas al poder hace unos años, el consenso de “las reformas estructurales” como panacea se ha instalado entre la comentocracia, pero en la realidad se ha dado de golpes con una realidad de privilegios clientelares, corporativos, adquiridos por años —por décadas—, que no piensan soltar.

Hay, por ejemplo, un nuevo consenso entre itamitas a favor de un estado de bienestar general no por fuerza atado al trabajo. Otro itamita —maestro de algunos de los aquí mencionados—, Santiago Levy, hizo hasta un libro al respecto. Aspirantes de los tres partidos lo quieren, lo proponen. Que se haga está más complicado. Los itamitas de todos los colores pueden acabar frustrados.

Twitter: @puigcarlos