Ruptura inminente
InvitadoMarco Rascón*
Antes y después de 1988, con errores y aciertos, la izquierda mexicana consiguió pasar de la fragmentación ideológica a la construcción de un referente electoral que logró cambios y reformas sustanciales. Pero desde el 2000 atraviesa por una crisis de valores y objetivos, resultado de la incapacidad de autocrítica.
El próximo fin de semana las llamadas “izquierdas” se juegan en tres encuestas los recuerdos del porvenir, parafraseando a Elena Garro. Es decir: una unidad efímera, construida con una larga ruptura.
El pasado miércoles, Día de Muertos, a manera de matar toda expectativa, el Consejo Político Nacional (CPN) del PRD, particularmente el lopezobradorismo, no sólo festejaba anticipadamente la victoria de su candidato en las encuestas, sino también la limitación de las alianzas.
Pese al contentillo por el acuerdo de que sólo “las izquierdas” harán coalición, la perspectiva pinta igual que en las elecciones del Estado de México, donde se ofrecieron un millón 800 mil votos de la estructura del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a favor de Alejandro Encinas, de los que no llegó ninguno, pues sólo obtuvo 900 mil, que significaron el voto duro histórico del PRD, incluidos Convergencia y PT. La Morena no apareció…
Primera ruptura por el Consejo Nacional
Para Andrés Manuel López Obrador, en esta etapa sublime, el objetivo no es ganar el control del PRD, sino destruirlo. Su intención se basa en las cifras de integración del nuevo Consejo Nacional, pues en la elección realizada en los 26 estados y que no se anularon, las corrientes no lopezobradoristas del PRD obtuvieron una abrumadora mayoría garantizada en el Consejo Nacional, que será quien califique y decida sobre el resultado de las encuestas. De los cinco que se elegirán este próximo domingo, sólo está en duda a favor de López Obrador el Distrito Federal en condición de equilibrio, lo cual significa que la correlación de fuerzas internas no se modificará a favor del lopezobradorismo, aún ganando la capital.
Ahí el centro del conflicto no es Marcelo Ebrard, sino todas las corrientes que no se le subordinan ni están dispuestas a entregar el registro y el nombre del PRD a su asociación civil, Morena A.C.
En su cálculo y pese a la campaña permanente de desprestigio, con el resultado de las encuestas, la estrategia es desconocer y descalificar un resultado adverso. La posición surgida del Consejo Político Nacional, el pasado miércoles, es una propuesta al DIA y al Consejo Nacional que resulte, y por ello se calcula que en el tema de las coaliciones no habrá el mismo acuerdo el 16 de noviembre, abriéndose así la justificación al rompimiento y el adelanto de que el candidato a la Presidencia del PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), con encuesta o sin ella, ya es López Obrador y no sería Marcelo Ebrard en el otro caso.
Con el objetivo de romper con el PRD, va el cuestionamiento a la elección del Consejo Nacional y al resultado de la encuesta.
En este escenario, muchos analistas piensan que Ebrard cederá la candidatura presidencial por el paso libre de éste a nombrar sucesor en el DF. Van mis objeciones a este cálculo.
Segunda ruptura por las candidaturas
Para el lopezobradorismo, el traidor en turno es Marcelo Ebrard. Se le reclama que fue una hechura de López Obrador y luego del paréntesis de olvido (2006-2011), hoy se le recuerda su pasado priista y funcionario del gobierno en tiempos de Carlos Salinas. Es por ello que López Obrador se construye de las puñaladas que recibe de los que engrandece y entre más resta fuerzas, más gana. En su cultura del martirio, el lopezobradorismo es como la “Santa Muerte”, que todo lo que da se lo cobra doble a sus fieles.
En las escaramuzas mediáticas (que no puede considerarse debate), el lopezobradorismo le reclama a Marcelo Ebrard el hecho de no ceder y pretender ganar la encuesta. Los cálculos generales y las apuestas mayoritarias afirman que Ebrard cederá a López Obrador a cambio de la candidatura del Distrito Federal, lo cual es dudoso, pues tanto para López Obrador como para Marcelo Ebrard las condiciones de 2006 para la presidencial ya no existen de ninguna manera, mientras que la expectativa de ganar de nuevo el gobierno del DF aún es factible, aunque ahora la falta de candidatos fuertes de ambos y el desgaste en delegaciones por las corrientes abrieron el apetito del PRI, que considera tener la mejor opción para la jefatura de gobierno y con ello arrastrar varias elecciones y delegaciones.
La ruptura conceptual con la izquierda
Antes y después de 1988, con errores y aciertos, la izquierda mexicana consiguió pasar de la fragmentación ideológica, política y organizativa, a la construcción de un referente electoral nacional que logró cambios y reformas sustanciales. Desde el 2000 y con todas las posibilidades enfrente, la izquierda atraviesa por una crisis de ubicación, de valores y objetivos, resultado de la incapacidad de autocrítica, de propuestas constructivas e iniciativas, más allá de la simple lucha por la Presidencia.
Pocos se percataron de que a partir del 2000, y ya bajo la cosecha de la alternancia, se fue gestando el huevo de la serpiente dentro de la misma izquierda, que impuso la polarización contra la convicción democrática, y el insulto, la sospecha y la calumnia contra el debate razonado.
Desde la idea de un supuesto radicalismo de izquierda, el lopezobradorismo se instaló en lo más atrasado del estatismo. No lucha ni nunca ha luchado por la causa del trabajo, los salarios y la construcción de instituciones. Se dedica de tiempo completo y llena todo su discurso con la idea de que, ungido como presidente, él, López Obrador, lo transformará todo sin ayuda de nadie, ya que desde su investidura imperial finalmente podrá ejercer con puño fuerte y absoluto lo que no hicieron los otros anteriores.
Unidad para la restauración
Es por eso que los objetivos de Andrés Manuel López Obrador se parecen tanto a los del PRI de Enrique Peña Nieto, que siendo el rostro joven del priismo, representa lo más arcaico y decadente que restaurará incluso a su mentor moral Arturo Montiel. La oferta de ambos es la misma: la recomposición del viejo estatismo que opera a través de la discrecionalidad y el autoritarismo, y que es sustentado por los grupos monopólicos, oligárquicos y oportunistas. Así de fácil de entender porque ambos coinciden en su intención de impulsar la “cláusula de gobernabilidad” para crear mayorías artificiales, con las que el presidente puede imponer su voluntad sin construir mayorías desde la pluralidad y sin tener contrapesos a sus decisiones. Por ello también coincidieron a través del PT, el partido de su confianza, en la propuesta de los mismos consejeros del IFE que faltan de ser nombrados. Tanto para Enrique Peña Nieto como para López Obrador, un país paralizado es el paraíso de la discrecionalidad.
Perspectiva
Con esos antecedentes es difícil pensar en una salida noble la próxima semana. La decisión lopezobradorista para romper está dada y sus fuentes partidarias es lo que más desean, pues tanto el PT como el Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) salivan 8 por ciento repartido entre ellos, que les darían más diputados que los que actualmente tienen y los mantendría dentro del actual sistema dominado por las minorías que trafican posiciones y acuerdos por prebendas. Su ley es anteponer sus intereses a cualquier tipo de interés nacional.
Marcelo Ebrard es hoy el enemigo en turno del lopezobradorismo. Ambos no provienen de las siembras, sino de las cosechas de la izquierda mexicana y, por tanto, su perspectiva es limitada. La diferencia entre ambos es que paradójicamente López Obrador cierra y encierra a la izquierda hablando en su nombre, desprestigiándola. Marcelo Ebrard, en su debilidad histórica, tiene como único camino abrir la perspectiva a nuevas situaciones o defeccionar por defender sus intereses de grupo.
La cierto es que existen condiciones para la ruptura.
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*Periodista que lucha contra el cerco informativo, empresario y político independiente








