Cristina
PeriscopioJuvenal González González
No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.
Albert Einstein
Cuando en julio de 2007 Cristina Elisabet Fernández lanzó por primera vez su candidatura a la presidencia de Argentina, me permití criticar esa postulación porque su marido Néstor Carlos Kirchner era el presidente en funciones de ese país. Ciertamente Cristina había forjado su propia carrera política (fue diputada y senadora entre otros cargos) y había demostrado talento y talante propios, pero cuando existe un parentesco tan directo y cercano, es inevitable violentar uno de los supuestos básicos de toda contienda electoral: la equidad.
Por eso en México se alebrestaron los ánimos cuando en 2006, Marta Sahagún pretendió convertirse en sucesora de su cónyuge. Porque además, a diferencia de Cristina, Marta no tenía ningún antecedente político y sus pretensiones se construyeron al amparo del poder presidencial. Tanto, que ni siquiera en su partido encontró respaldo suficiente. Esa aventura dejó tan mal sabor de boca, que el propio Calderón declaró que durante su sexenio ningún pariente cercano ocuparía cargos públicos. A la postre resultó una más de sus mentiras y hoy su hermana disputa la gubernatura de Michoacán, con todo el apoyo del poder central y de los funcionarios federales, empleados de su carnalito del alma.
Pero volviendo a las pampas, Cristina Fernández resulto electa, en primera vuelta, como presidenta de la república para el periodo 2007-2011, con el 45 por ciento de los votos. En ese periodo falleció su marido y quedó fuera de toda duda que ella valía por sí misma. Frente a la inminente conclusión de su mandato a finales de este año, anunció su decisión de contender por un segundo periodo, participando en los comicios del pasado mes de octubre. Esta vez amplió el margen de su victoria, obteniendo el 54 por ciento de la votación. Un triunfo contundente e indiscutible.
No es fácil en estos tiempos de crisis económica y turbulencia financiera mundial gobernar con éxito, sobre todo en países tradicionalmente avasallados por el imperio. Es por ello que la popularidad creciente de la mandataria argentina, expresada en las urnas, atrajo la atención de la opinión pública internacional.
¿Qué ha hecho Cristina para conservar y acrecentar el apoyo mayoritario de los argentinos? ¿Cómo ha podido enfrentar con éxito la hostilidad de poderosos grupos empresariales, incluidos los que controlan los medios de información?
Mark Weisbrot publicó un artículo (The Guardian 23/10/11) reproducido en la página web del Center for Economic and Policy Research (http://www.cepr.net/) cuyo título responde a tales interrogantes: “El éxito económico en Argentina es la clave a la elección presidencial”.
Esta explicación es por demás interesante, toda vez que Argentina junto con Brasil, encabezan un grupo de países latinoamericanos que se han rebelado contra los dogmas neoliberales de los organismos financieros internacionales, según los cuales, los países “en desarrollo” están obligados a realizar sus llamadas “reformas estructurales” como condición indispensable para crecer y superar sus ancestrales retrasos económicos y sociales.
Dicho artículo sostiene que “Aunque hace nueve años Argentina se negó a
pagar 95 mil millones de dólares de deuda externa e ignoró las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), le ha ido extraordinariamente bien a su economía. Usando las proyecciones del FMI, durante los años 2002-2011 Argentina sostuvo un crecimiento real de 94 por ciento, inigualable en el hemisferio y más del doble del crecimiento de Brasil”.
Subraya también algo fundamental: “El crecimiento económico no llega siempre a generar beneficios tangibles para la mayoría de población, pero en este caso el gobierno de Argentina se ha asegurado de que eso aconteciera. La pobreza y la pobreza extrema se han disminuido por dos tercios y el empleo ha crecido a niveles récord. El gasto social del gobierno se ha incrementado casi tres veces en términos reales. En 2009 el gobierno implementó un programa de transferencia condicionada para niños, que ahora alcanza a más de 3.5 millones niños. Probablemente sea el programa de transferencias monetarias, relativo a ingresos nacionales, más grande de América Latina… La desigualdad también se ha reducido de manera radical durante esta expansión económica”.
Y remata “La experiencia de Argentina durante los últimos nueve años tiene implicaciones importantes para la política económica dominante y para ciertos mitos que han sido divulgados para justificar el pésimo rendimiento económico de los Estados Unidos, la mayoría de Europa, y otros países desde que la crisis económica desató la recesión global”.
En los tiempos preelectorales que vive México, es indispensable que los precandidatos se obliguen a romper la inercia de “seguir por el mismo camino” y se comprometan con políticas de desarrollo en beneficio de México y los mexicanos, y no al servicio de las grandes empresas y el agio internacional. Cristina ha demostrado que ¡sí se puede!
Cheiser: Salió el peine. La cacareada y electorera suspensión del pago de la tenencia de automóviles, que otorgaba buenos recursos a los estados, se compensará con la inflacionaria e injusta política de gasolinazos, que con el aval de diputados y senadores seguirá por tres años más, cuando menos. Por el bien de una minoría, que se jodan más los jodidos.
¿Será?








