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Melancólico estreno de Il Postino

Noches de ÓperaVladimiro Rivas Iturralde

El primer gran mérito de Daniel Catán es haber logrado que el canto operístico en español suene casi tan natural como el italiano: Bellas Artes está obligada a programar sus óperas.

El estreno en México de Il Postino, la última ópera acabada de Daniel Catán (1949-2011), resultó doblemente melancólico. Primero, por el contenido mismo y el espíritu de la obra: una historia entrañable y triste basada en las relaciones entre Pablo Neruda y su cartero durante el exilio del poeta en Italia; segundo, por tratarse de la representación post mórtem de la obra de un compositor a quien Bellas Artes pudo haber homenajeado en vida y no lo hizo. De manera que hubo algo de fúnebre en este estreno mexicano de Il Postino, ópera que mereció su estreno mundial en Los Ángeles, con Plácido Domingo en el papel de Neruda, y lo tuvo poco más tarde, también de modo triunfal, en Viena y París. El empeño de Catán por hacer ópera en español fue casi heroico: logró que sus cuatro óperas se representaran con éxito en Estados Unidos y sólo en sus días finales se dio a la tarea de escribir una ópera en inglés: Meet John Doe, que dejó inconclusa. El primer gran mérito de Catán es haber logrado que el canto operístico en español suene casi tan natural como el italiano. Bellas Artes está obligada a programar sus otras tres óperas: La hija de Rappaccini, Florencia en el Amazonas y Salsipuedes.

Esta producción, destinada al Festival Cervantino, es la misma del estreno en Los Ángeles, es decir, de una enorme calidad visual. El director de escena Ron Daniels y su equipo, con el escenógrafo Ricardo Hernández en primera fila, han hecho un trabajo exquisito, refinado, de gran eficacia teatral. Las proyecciones de Philip Bussman infundieron a la ópera una vitalidad casi cinematográfica. La música de Catán, conservadora pero inteligente, con ecos de Puccini y Debussy pero de gran unidad estilística, es atractiva y delicadamente dramática: por ejemplo, las escenas en que el cartero y su familia esperan en vano un saludo de Neruda, o el regreso del poeta con su mujer a la isla, muerto ya el cartero, poseen una música sumamente expresiva. El director concertador israelí Israel Gursky desprendió de la Orquesta de la Ópera un sonido afinado, matizado, justo y eficaz. El equipo vocal estuvo a la altura de la empresa. El tenor español Vicente Ombuena hizo un Neruda creíble, con buenos recursos de canto pero con un timbre no muy agradable. El también tenor español Israel Lozano, con voz mejor timbrada y juvenil, dio vida a Mario, el cartero. Quizá lo mejor del elenco fueron las voces femeninas: la soprano Amanda Squitieri (Beatrice), con voz y canto irreprochables; estupenda la mezzo Grace Echauri como la madre de Beatrice, y la prestigiada soprano chilena Cristina Gallardo-Domas como Matilde Urrutia. Muy bien los demás comprimarios.

En suma, un gran espectáculo operístico, un estreno que ningún aficionado debe perderse. Última función en México: domingo 16, jueves 27 y sábado 29 de octubre en el Cervantino.