Velada por la esperanza.
La respuesta de la comunidad artística lagunera fue notoria en música, poesía y cuentacuentos.
Torreón.- No hubo necesidad de que Erón hablara, colocó un cartón en el suelo del escenario del Teatro Nazas que decía “ANTES”, a partir de ahí escenificó una pequeña rutina de “Antes” y “Después”, sobre la triste realidad que se vive en la Comarca Lagunera, lo habían hecho el poeta Isidro Pérez y el grupo Canto Nuestro, y lo harían después Armando “Cuty” Martínez y otros del programa que reunió a cientos de personas en el teatro lagunero para participar en el arranque de las “Jornadas por la paz”, durante la tarde de este viernes.
En el vestíbulo del teatro había una extraña mezcla de ambiente de melancolía con uno de fiesta que estaba por llegar, muchas espectadoras vestidas de domingo, la mayoría jóvenes que acudieron por la convocatoria de una velada por la paz. ¿Los organizadores?, varias voces en un grupo informal de artistas y ciudadanos que quieren hacer algo para que las cosas cambien y se pueda vivir en paz y con justicia.
La respuesta de la misma comunidad artística fue notoria en música, poesía y cuentacuentos (además de Erón Vargas, el mimófono) y más limitada en artes plásticas, donde la respuesta fue menor y aún así Gustavo Montes y compañía lograron una exposición digna con la obra que llegó.
Poco después de las 19:00 horas, Rocato Bablot, vocero del movimiento por la paz y la justicia que liderea Javier Sicilia, dio un pequeño discurso y declaró inauguradas las “Jornadas Nacionales por la Paz”, ya antes había subrayado la importancia de que los artistas se reúnan en esta actividad.
Luego de ver la exposición, de comprar camisetas alusivas, de inscribirse en una lista de espera para el libro que el editor Bablot está por lanzar al mercado sobre la “Caravana por la Paz” -bautizada también como “La Caravana del Consuelo”- la gente entró a la sala y siguió la Jornada con una actitud positiva y luego llegó Martha Herrera y su grupo de blues “Danaeb”.
Sin guion previo, los artistas hablaron, escribieron, cantaron, sobre el amor, la paz, la vida y la esperanza. De hecho, la canción final estuvo, esa sí escogida previamente, muy oportuna:
“Sólo le pido a Dios”.
Los discursos de Miguel Valdés y de Rocato Bablot, fueron muy acertados y comentados por el público, lo mismo que la música, que en sí, dijeron algunos jóvenes asistentes, ya justificaba la asistencia al teatro.
“Venimos para oír a la banda” y escucharon algo más.
Algunos asistentes, efectivamente, estaban ahí para escuchar a dos o tres artistas conocidos por ellos, pero también descubrieron a otros cantantes y salieron enriquecidos de referencias y de un discurso único, amor a la vida.
Quizá esa fue la mayor experiencia de la tarde, que nadie fue a llorar, a lamentarse de tiempos difíciles y a frustrarse. El tono reinante fue: hay esperanza.
Eso se vio en la comicidad de la tropa “Cachivaches”, la canción de Armando “Cuty” Martínez, la presencia de los integrantes de colectivo NIT.
No se dejaron vencer por la tristeza, la desesperanza o la tragedia.
Pero tampoco eludieron la dificultad de los tiempos que se viven en La Laguna, eso fue importante en la “Jornada por la Paz”.
En este sentido, el público descubrió de inmediato que la presencia del trovador Juan Carlos Esparza iba a ser clave, y lo fue, su sola presencia es la voz de la esperanza, el canto por la vida.
Como el mensaje de una niña que gritó al terminar la intervención de Canto Nuestro: “¡Te quiero papá!”.
Ese fue el discurso del día: Creer que hay un mañana. Una fotografía en el vestíbulo del teatro se pregunta “¿Habrá futuro?”, es una niña triste.
Frente a la fotografía se instaló Raúl Jaquez que amenizó con su música el acto inaugural de las Jornadas.
El Teatro Nazas abrió sus puertas para recibir a las Jornadas, lo hizo desinteresadamente y todos fueron por la paz.
Ángel Reyna









