Lo innegociable es la prosperidad, 2

Día con díaHéctor Aguilar Camín

Lo que voy a escribir en este artículo lo he dicho por lo menos 30 veces en distintos auditorios, y probablemente lo he escrito en este mismo espacio varias veces.

No digo esto como disculpa, sino como justificación. En el ambiente cacofónico, a la vez sordo y ensordecedor, de nuestro debate público, si alguien quiere hacer que algo se oiga tiene que repetirlo muchas veces.

Y es lo que hago ahora: repetir lo que no me cansaré de repetir rumbo a los meses de elección que vienen.

Subrayo que son meses de elección, es decir, meses en que podemos elegir. Nunca como en esta temporada que empieza los políticos dependen tanto de nuestra credulidad y de nuestra adhesión, es decir, de nuestro voto.

Hay que saber qué es lo menos que vamos a pedir y exigir de ellos. Yo creo que lo menos que tenemos que exigirles es prosperidad: decisiones claras, compromisos indeclinables, de prosperidad.

Cuando digo esto en voz alta, y lo digo siempre que puedo, percibo un río de incredulidad en los oyentes. Les recuerdo entonces que en 1980, cuando sólo en unos pocos círculos intelectuales, políticos y periodísticos había la exigencia de elecciones democráticas, aquello sonaba a un viaje a Marte.

El hecho histórico es que 20 años después, en el año 2000, estábamos eligiendo democrática y pacíficamente al primer presidente de la alternancia de la historia de México. Sin golpes, revoluciones, ni sombrerazos.

¿Por qué? Porque la exigencia de democracia se volvió innegociable. De nada quería hablar la sociedad mexicana sino de reformas democráticas y elecciones libres.

Suelo repetir, y repito ahora, que, de manera equivalente, si nos hartamos por fin de quejarnos de la pobreza y ponemos la prosperidad en el primer sitio de la exigencia nacional, la prosperidad llegará con rapidez parecida a como llegó la democracia.

¿Por qué poner en el primer sitio la prosperidad y no la igualdad o la pobreza o la seguridad o la justicia, o cualquier otra de nuestras asignaturas pendientes?

Porque la prosperidad las engloba y las expresa a todas, porque un país sólo puede ser próspero si resuelve en alguna medida sus otras trabas, y porque siendo próspero puede volverse con mayores recursos y confianza en sí mismo a resolver lo que le falta.

Si hacemos innegociable nuestra exigencia de prosperidad, en 20 años seremos un país próspero. No importa quién gobierne: gobernará en ese sentido, como lo hicieron en el sentido de la apertura democrática los más diversos, y a veces los más renuentes, presidente priistas.