Reelige o castiga
Autonomía relativaJuan Ignacio Zavala
Circula en las redes sociales un video que lleva por título Reelige o castiga. Se trata de un documento visual elaborado profesionalmente, que cuenta con entrevistas a diversos observadores del acontecer nacional (José Woldenberg, Aguilar Camín, Carlos Fuentes, Juan Pardinas) y a diversos ciudadanos. El centro es la necesidad de la reelección de los legisladores y los alcaldes, el atraso que esto significa y cómo somos el único país en América Latina que no cuenta con esta herramienta que da al ciudadano el poder de castigar a quienes fueron elegidos y no dieron resultados.
Es una vieja discusión, pero que tiene ahora un nuevo brío. Quizá, como lo dice Fuentes en una de sus intervenciones, es porque antes no había ni sufragio efectivo ni reelección y ahora que ya tenemos el sufragio efectivo, hace falta la reelección.
No deja de ser notable la manera en que la ciudadanía se ha movilizado a favor de la reforma política. Por un lado está la necesidad de dotar al ciudadano del poder entero de su voto. No basta con elegir a un diputado, senador o alcalde. En realidad el voto ciudadano debe extenderse hasta el siguiente periodo, en el cual el votante podrá “premiar o castigar” al legislador, ahí termina el ejercicio del primer sufragio.
La no reelección de legisladores y presidentes municipales es una herencia del control que el PRI ejercía sobre toda su clase política. Para el priismo totalitario, el Congreso era una especie de feria del empleo. Cada tres años le daban chamba a centenares a nivel federal y a miles en el ámbito local. No permitir que alguien se quedara porque se le ocurrió trabajar es parte del argumento de negativa para autorizar la reelección. En el PRI las cosas no se deciden por hacer el bien a la población, sino por lo que el líder decide: ahora tú eres diputado, ahora no. Esta nefasta práctica, hay que admitirlo, también ha permeado en el PAN y en el PRD.
Solamente el ciudadano es el que decide qué hacer con su voto y debe dársele el peso completo a su voto: premiar el trabajo o mandar a su casa y hasta cerrarle la vida política al vago, al transa, al inútil (en ocasiones se conjuntan las tres características). Buena parte del desprestigio de los legisladores (en ocasiones ganado a pulso) proviene, precisamente, de no poder reelegirlos. En el fondo, a quien es diputado y no trabaja no le importa, porque tampoco tiene los incentivos para obtener un reconocimiento ciudadano al final del periodo. Los legisladores terminan felicitándose a sí mismos porque la sociedad, por lo general, los repele.
La reforma política es un beneficio directo a los ciudadanos, y me parece que también partidos y políticos ganan aprobándola, mostrando que van por el bien de la ciudadanía y no solamente el de ellos. Por eso resultó escandalosa la actitud de Peña Nieto de detener una reforma que los senadores de su propio partido habían aprobado. A ver si ahora que se avecina un periodo extraordinario, el PRI, que parece no querer comprar un solo pleito que le despeine el pelo a su candidato de plástico, se decide a dar un paso a favor de los ciudadanos.
Vean el video en: reeligeocastiga.org
Twitter: @juanizavala









