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Hambre de triunfo

Sara Stock dejó todo en Canadá para venir a México y convertirse en luchadora profesional; la conocemos como Dark Angel y es un icono de su disciplina.

Los calificativos quedan cortos para describir a Dark Angel, la luchadora profesional del Consejo Mundial de Lucha Libre. Una mujer que irradia belleza, pero detrás de su historia hay perseverancia, constancia, disciplina, y también momentos de dolor. Un día, Sara Stock, originaria de Canadá, tomó la maleta y se aferró a su deseo de forjarse un camino en la lucha libre, aunque para ello tuviera que alejarse de su familia; sin importar los recursos se empeñó en lograr su sueño de ser luchadora profesional.

“En el 2003 ya luchaba en Canadá y Estados Unidos, pero tenía tanta sed para ser alguien en la lucha, me llamó tanto la atención el estilo mexicano, quería aprenderlo, no tenía recursos para venir así que me vine en camión desde Winnipeg hasta Nuevo Laredo, y de ahí a Monterrey. Lo vi como una aventura grande y algo que necesitaba hacer en mi carrera, pero dejar a mi familia, aprender una nueva cultura, el idioma, batallé mucho para aprender el español, pero lo más difícil fue estar lejos y cómo portarse en una cultura distinta a la mía”, recuerda Sara.

Ese fue el inicio de los sacrificios, porque aún le esperaban más cosas en su andar. “No traía mucho dinero cuando llegué a Monterrey, una persona que hace mis equipos de lucha y que le dicen El Pony rentaba varios cuartos en un edificio y ahí me quedé, era algo muy distinto para mí que venía de mi casa que tenía calefacción en el invierno y aire acondicionado en el verano, era una casa cómoda, y me vine a vivir a un cuarto hecho de piedra, con el baño y las regaderas afuera, en el patio, y lleno de cucarachas, lagartijas, ratones, todas eso a lo que me tenía que acostumbrar; fue duro, no fue nada fácil esos cambios y vivir así, fue un choque para mí”.

Sin embargo, Sara recuerda que a pesar de las dificultades, nunca le pasó por la mente la idea de regresar a su país y el miedo tampoco la invadió. “Mis padres me enseñaron que cueste lo que cueste si quieres hacer algo siempre hay una manera para lograrlo, soy una mujer de retos y hago planes para lograrlos. Tampoco tuve miedo, no sé si fue por la juventud o la emoción de emprender una nueva aventura, pensaba que era una oportunidad para lograr mi sueño y no me dio miedo, era más grande mi deseo y mi pasión, que sólo pensaba en eso y no en los peligros de qué me podía pasar”.

Su dedicación tuvo un premio. El 1 de julio de 2005 debutó en la Arena México, su sueño de llegar al templo de la lucha libre se había cristalizado: “Tenía nervios antes de salir, pero la gente me respondió muy bien y sentí mucha emoción cuando los aficionados me reconocieron, esa lucha es un recuerdo y un sentimiento inolvidable”.

Y así, Sara manda un mensaje a las mujeres de este país. “Tienen que preguntarse de quién es esta vida y aprovecharla, siempre habrá alguien que te quiera hacer sentir menos, pero si quieren hacer algo que lo empiecen sin pedir permiso, que no tengan miedo, se valoren por lo fuerte que pueden ser, que hay oportunidades en esta vida y que no las desperdicien por complacer a otra persona, que confíen en sí mismas. Nunca es tarde para seguir sus sueños, y que recuerden que hay cosas fuera de la casa que deben hacer para sentirse completas como mujeres”.

Higinio Robles. Ciudad de México