Fenece la lengua ayapaneca
El “ayapaneco” es un idioma de linaje zoque que sobrevive en el municipio Jalpa de Méndez, Tabasco. Está a punto de desaparecer pues apenas hay cinco hablantes todos ellos mayores de cincuenta años.
En realidad es uno el tabasqueño que más lo domina y se empeña en enseñarlo con resultados infructuosos, se llama Manuel Segovia Jiménez y vive en la comunidad de Ayapa, dice el lingüista estadounidense Daniel E. Suslak que cada verano desde hace seis años viene a nuestro país y se queda en Tabasco.
Antes de él, se tienen registros de muchos investigadores que han venido desde 1968 a la comunidad de Ayapan para documentar el idioma y sus hablantes pero ninguno ha concluido los trabajos iniciados.
Suslak es doctor en antropología y lingüística y trabaja actualmente en la Universidad de Indiana en Estado Unidos. Platica que durante años estuvo estudiando el Mixe, en Oaxaca, una lengua que por decirlo de algún modo es prima hermana del Ayapaneco, hasta que en el 2004 lo invitaron a participar en el proyecto para la Documentación de las Lenguas Mesoamericanas.
Desde entonces ha regresado una vez al año con el fin de producir un diccionario y una recopilación del léxico, de los modismos, de los giros y expresiones de este idioma del que dice está condenado inevitablemente a desaparecer por falta de interés de los propios ayapanecos que cada vez están más urbanizados y se avergüenzan de su idioma.
El antropólogo señala que además de don Manuel, el más memorioso de todos, en la comunidad habían otras personas que hablan el ayapaneco son don “Chilo” Velázquez Méndez, doña Carmela -prima de don Chilo- y don Mauro. Pero de estos dos últimos recibió la noticia ayer mismo que habían muerto.
-Es increíble que aún sobreviva este idioma que se dejó de usar hace más de 50 años.
-Don Manuel es el único que lo usa como lengua cotidiana, y sus familiares lo entienden pero no lo usan. A esto tenemos que agregar que, si comparamos la forma de hablar de don Chilo con la de don Manuel parecen dos dialectos diferentes.
Es increíble que sobreviva porque desde hace años el ayapaneco es como una isla rodeada por hablantes del chontal, del nahual y del español y hasta el inglés. Y es casi un milagro que una quede una gente que habla y quiere preservar su idioma.
-¿Cuántas gentes quedan entonces, unas cuatro o cinco?
-Sí, unas cuatro o cinco y es probable que esta sea la última generación porque la menor de todas tiene 60 años de edad. Por lo menos estamos grabando todas las palabras, cuentos, relatos, historias para que, quizá algún día, los nietos o bisnietas vayan en busca de lo que quede de su tradición e idioma nativo.
-¿Cuál es linaje de este idioma?
-La familia se llama Mixezoqueana, y tiene dos partes: la parte mixeana y la parte zoqueana. La rama mixeana se habla en Oaxaca Sayula -y se le dice Sayuteco-, y también se hablaba en Tapachula, Chiapas pero desapareció en la época colonial.Por el lado Zoqueano, lo podemos encontrar en el zoque de Chiapas, en los Chimalapas, en la sierra Popoluca y esta población aquí en Tabasco, al que le decimos Ayapaneco porque es el único pueblo pero también se le puede llamar zoqueano de Tabasco, o bien, zoqueano del Golfo.
-¿Ellos mismos cómo denominan a su idioma?
-Ellos le llaman Nuumte Oote, que quiere decir la palabra verdadera. Nuumte es la verdad y Oote la palabra o voz.
-Es prácticamente indescriptible la cosmovisión, el universo primigenio que se pierde junto con estos hombres y este idioma, ¿pero, tú que te has asomado podrías decirlo?
-Yo vine en esta ocasión al Coloquio que se organiza en Tabasco, me salí un rato para venir a saludar a don Manuel, él me da un rango muy alto y dice que soy su alumno, pero, vine a visitarlo porque supe del encuentro indígena.En el Coloquió se organizó una jornada el miércoles pasado en el museo de sitio de Comalcalco. Allá explicaba que los vestigios monumentales como las pirámides dan una impresión muy fuerte, pero el idioma es igual que las pirámides, es el resultado del esfuerzo de miles de personas que décadas tras décadas trabajaron en él.
Así como las pirámides nos dan pistas de la región e historias de la gente, así podemos hacer hallazgos sobre la gente estudiando el idioma. Finalmente, se pierde todo su sabor, su chiste. Los idiomas mixsezoqueanas, decimos que son palabra afectivas, tienen recursos muy ricos para hablar de sensación, de movimiento, de sonidos. Palabras del ayapaneco son como onomatopeyas pero más elaboradas. Si tu se le pides a don Manuel, él te puede hacer todos los gritos y cantos de los animales que están a su alrededor.
-¿Por qué está desapareciendo, o desapareció, el ayapaneco?
-Porque la gente se está urbanizando, ya no viven en el campo.
-¿Qué lograste?
-Principalmente el diccionario que yo retomé en el 2004 y había iniciado antes que yo. Si dios quiere va a aparecer en el 2011 publicado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI).
Privilegio del destino
••• Don Manuel Segovia Jiménez tiene un raro privilegio del destino. Es con seguridad el último de los hablantes del ayapaneco pero es un privilegio bastante tortuoso. En su familia solo lo hablaba con su hermano, lo usaban como un lenguaje en clave, pero su hermano murió, al igual que siguen desapareciendo muchos otros hablantes. De alguna manera, dice el lingüista estadounidense Daniel E. Suslak, don Manuel se quedó hablando solo, a veces solo habla conmigo o los poquísimos de su comunidad. “Está don Chilo pero sus formas de hablar es distinto y para colmo se dice que no se llevan bien”.Otro factor es que, en español o inglés contamos con academias, diccionarios, reglas, instituciones que te corrigen pero en este caso no hay quien le diga esto es así o no es así. Actualmente es miembro de los Guardianes de Tradición del Instituto Estatal de Cultura, y tiene muchos alumnos que curiosamente no son del país: España y Estados Unidos como Suslak. En su pueblo dice, a veces tiene grupos de 10 personas pero no son constantes o cuando llegan fechas como el fin de año no queda ninguno. Con los niños lo ha intentado pero dice que son los padres de familia que no quieren que sus hijos hablen el “ayapaneco” porque se distraen de sus clases de la escuela o bien, los propios maestros les dicen que no pierdan su tiempo.Los jóvenes menos, porque en vez de aprender se burlan “y me dicen que soy guatalpa y no sé qué”, se lamenta, por eso no los busca: Las mamás no quieren que sus hijos “dominen la palabra”. Con su esposa enferma, con su hijo en silla de rueda, dice que vino sólo por ayudar en lo que pueda pero no se puede avanzar porque a nadie le interesa, “no sé cómo le voy a hacer porque esa es la situación”.
Juan de J. López








