Don Alejo es un héroe
La historia en breveCiro Gómez Leyva
Don Alejo Garza Tamez eligió cómo y cuándo morir. Quizá sin haberlo leído nunca, personificó al gran hombre de Séneca: aquel que no sólo se impone a la muerte, sino que sale a su encuentro.
Según lo contó ayer MILENIO, los malos (zetas, golfos, sicarios, perros de guerra, qué más da) se apersonaron hace dos sábados en el rancho de don Alejo, a 15 kilómetros de Ciudad Victoria, capital del derrumbado Tamaulipas. Le dieron 24 horas para que les entregara la propiedad y se largara. Pero el hombre de 77 años, empresario maderero y cazador, no pensaba rendirse. Quería tener hasta el último minuto la hora exacta de su vida. Sacó a los empleados, aceitó pistolas y rifles deportivos y esperó, una a una, el paso de las 24 horas.
Los malos llegaron puntuales. Don Alejo los recibió a tiros, mató a cuatro, hirió a dos, antes de que, inexorablemente y con granadas de por medio, dieran con él y lo ejecutaran.
Podrá decirse, y con razón, que don Alejo se quería morir. Lo cierto es que los malos no se pudieron quedar con el rancho. Don Alejo les hizo saber con su vida que en su propiedad las cosas se movían más de la cuenta y así les echó a perder el despojo.
¿Un héroe? Para mí, no hay duda, se trata de un civil que en solitario derrotó a los criminales.
Su sacrificio hace más clara que nunca la evidencia de que en el México de la guerra no hay certeza para nadie. Basta la historia de don Alejo para afirmar que la guerra se va perdiendo y que, tal vez, ya esté perdida.
Y hace tentadora la idea de la justicia por mano propia, que muchos alejos parecen estar acariciando en el norte de la República.








