Análisis FODA de Felipe
DRAGONESEduardo Holguín
En cada mexicano hay un entrenador de fútbol y un experto en política, capaz de entrenar a la selección verde y de resolver, en una charla de café, los problemas que aquejan a nuestro país. Y no se diga en los medios de comunicación donde se gastan miles de galones diarios de tinta en el deporte nacional llamado: “péguenle al presidente”. Ahora sí que Felipe Calderón “no siente lo duro sino lo tupido”, a tal grado que se le observa invocante de comprensión y ayuda. “También se vale hablar bien de México”, declaró el Tata Mandón, como queriendo decir “ya denme un descansito, por favor”.
El Presidente sabe que la principal debilidad política de su régimen estriba en el resquebrajamiento de la percepción pública respecto al combate al crimen organizado. Segmentos importantes de la opinión colectiva dudan del éxito de dicho combate, después de tres años y medio de una cruenta guerra que no amaina y que le ha costado la vida a muchos inocentes en capítulos, como el de los jóvenes de Cd. Juárez y Monterrey.
La economía es el otro factor que pega duro a la calificación que le otorga la sociedad al titular del poder ejecutivo y que amenaza seriamente con impedir la continuidad del los panistas en Los Pinos.
Pero el régimen de Felipe Calderón no es solamente debilidades y amenazas. Cuenta también con fortalezas y oportunidades.
Paradójicamente la estabilidad macroeconomía es la principal fortaleza con la que cuenta el régimen actual. Es verdad que la blandura de las políticas anticíclicas no permitió que el gasto público compensara el dramático desplome de la Inversión Extranjera Directa, de la oferta exportable y de los indicadores de consumo. Pero también es verdad que el haber mantenido niveles manejables de déficit público evitó que México sufra, ahora, desequilibrios fiscales y financieros, como los de los países PIGS: Portugal, Italia, Grecia y España.
La fortaleza macroeconómica le concede al Presidente y a su partido la oportunidad política de usufructuar, a su favor, la eventual recuperación de la economía mexicana, aunque dicha recuperación se logre, en términos reales, hasta el 2012. Por lo pronto las estadísticas de rebote le alcanzan al Tata Mandón de Los Pinos para presumir los nuevos brios de la economía azteca.








