Caso Will: la PGR no tenía nada y delinquió...
Doble FondoJuan Pablo Becerra-Acosta
Recordemos el asunto: el periodista estadunidense Bradley Roland Will fue asesinado el 27 de octubre de 2006 en Oaxaca. Recibió dos balazos durante un enfrentamiento entre simpatizantes de la APPO y grupos parapoliciales de filiación priista cercanos al gobernador Ulises Ruiz.
De acuerdo con la PGR y sus peritos, uno de los simpatizantes de la APPO le habría disparado a Will en dos ocasiones, a una distancia de entre 70 centímetros y 12 metros. El primer disparo lo habría realizado mientras Will filmaba, y el segundo instantes o minutos después.
Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y sus peritos, uno de los pistoleros filo-gubernamentales le habría disparado a Will desde una distancia de entre 35 y 50 metros. Habrían sido dos disparos realizados uno tras otro al azar, es decir, no con la intención de atinarle a Will, sino de darle a quien fuera entre una muchedumbre. Will fue el desdichado.
Redacté en este espacio varias veces que alguna de las dos instituciones —con la venia de a la sazón procurador, o la del entonces presidente de la CNDH—, mentía. Eduardo Medina Mora y los suyos (sus peritos y funcionarios), o José Luis Soberanes y los suyos (sus peritos y funcionarios) mentían. Una de las dos —la PGR o la CNDH— fabricaba pruebas periciales. Y por tanto, delinquía. Y si no era así, si una de las dos instituciones no falseaba evidencias, sino que se equivocaba, ¿por qué no rectificaba? Al no hacerlo, mentía. Y entonces, delinquía por sostener como veraces pruebas falsas.
Finalmente esta parte del caso ha concluido: el pasado 18 de febrero (perdón por no redactar algo sobre el tema antes, pero andaba con lo de Ciudad Juárez) Juan Manuel Martínez Moreno, simpatizante de la APPO, fue puesto en libertad después de estar preso un año, cuatro meses y dos días, acusado por la PGR de ser el asesino del estadunidense. Un tribunal colegiado en materia penal y administrativa determinó que este hombre tenía que ser liberado “por falta de elementos” para procesarlo. Los magistrados federales fallaron que las pruebas presentadas por la PGR fueron “insuficientes” e “inválidas”. Repito esta eufemística palabra: “inválidas”. Pruebas inválidas. “¿Falsas, fabricadas?”, le pregunté a un prestigiado penalista. “Pues sí”, respondió escuetamente.
Esto no puede quedar así: si algunos seres en la PGR fabricaron pruebas periciales y orquestaron testimonios, tiene que haber pesquisas para que la paguen —todos, ¿eh?—, porque la pregunta persiste tres años después: ¿quién mató a Brad Will? Y la procuración de justicia en México tiene que empezar a dejar de ser una vergüenza.








