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Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Ciudad Juárez ensangrentada

Política ceroJairo Calixto Albarrán

No es mala idea que el gobernador Reyes Baeza traslade los poderes a Ciudad Juárez para blindar esa geografía donde la muerte tiene, gracias a la impunidad, la corrupción y la indolencia, como James Bond, permiso para matar. En principio parece un acto de acrobacia mediática, pues la capital del estado, Chihuahua, no es precisamente el paraíso de la tranquilidad social. Y claro, como la iniciativa proviene de un priista se le acusa de oportunismo. Incluso Chesarito Nava hizo a un lado los procesos de quema en leña verde de la panista disidente Lía Limón, quien osara criticar la lucha blanquiazul contra los matrimonios gay, para acusar a Reyes Baeza de ser un triste pagliacci.

El ejemplo podría cundir y veríamos a los grandes estadistas que nos gobiernan instalando sus despachos en los lugares donde lo que cunda sea el desgobierno y la tragedia. Así, tal vez, comprometido más que solidario con el dolor de sus conciudadanos, que ya hemos visto no es lo suyo, Calderón cargaría con Los Pinos de manera itinerante a lo largo y ancho de la patria, de la Guardería ABC de Hermosillo a Apatzingán, de Chiapas a Tijuana y también, cómo no, en Ciudad Juárez, centro neurálgico de los feminicidios, la descomposición social y la narcoguerra como autolaceración.

Si Benito Juárez, trepado en su carruaje con los archivos de la patria a cuestas, recorrió el país evadiendo a los franceses y a los conservadores, Jelipillo podía construir un gobierno nómada basado en la lógica de la damnificación, que se asiente lo mismo en Ecatepec, ciudad de la eterna inundadera, o Ciudad Juárez, donde auténticamente la vida no vale nada. O casi, porque los sicarios reciben 8 mil pesotes al mes, lo cual derriba el mito de los sueldazos que se suponía ofrece el hampa.

Ver una sucursal de Los Pinos en cada zona de desastre podría generar al menos una gran aportación a la vida nacional: los luchadores sociales ya no tendrían que trasladarse penosamente al DF para exigir el cumplimiento de sus pliegos petitorios.

Además, hay un elemento adicional que le daría más sabor al caldo: será divertido, en estos días de acuáticos desastres, ver a Calderón y al Gel Boy Peñanieto disputándose una chinampa para colocar sus cónclaves en Chalco o Ciudad Neza.

Tan corto el pudor y tan distante el infierno.

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