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Ni que se tratara de trata

Política ceroJairo Calixto Albarrán

Cuando uno escucha que los mexicanos gastan al año 27 mil millones de pesos en sobornos, de inmediato te imaginas a toda la compatriotiza administrando conciliábulos para dinamitar los cimientos de la moral institucional y sus funcionarios. Y se puede pensar, porque lo es, que si se gastan 27 mil millones en sobornos, lo más seguro es que los beneficios en dinero, pero sobre todo en ahorro de tiempo y esfuerzo son superiores.

Sin el bálsamo de la corrupción que aceita los oxidados engranajes del sistema a este armatoste llamado México, nomás le rechinarían las tuercas y le crujirían las estructuras.

El otro día fui detenido por una patrulla. El oficial me explicó que el auto no tenía engomado de la verificación. Me reí —pues yo mismo había llevado el vehículo a su viacrucis semestral—, pero por más que busqué no tenía la dichosa calcomanía. El uniformado me ayudó a rastrearla hasta que descubrió que alguien lo había arrancado —práctica común en los estacionamientos— justo cuando le mostraba el papel que acreditaba el pago. Pero de todas maneras eran 20 días de salario mínimo, corralón y una lista interminable de castigos terribles por tan grave falta. O sea que o me alineaba o me correspondían penas que jamás viviría el árbitro que se tragó un claro penal del Cruz Azul.

Por supuesto, como la ley no prevé que te hagan un multa y ya, sino que promueve con tanta represalia legaloide el cochupo, el patrullero y yo nos pusimos de acuerdo. Ni modo de detener el impetuoso ritmo de la patria.

Es como el caso de las guarderías subrogadas del IMSS. A seis meses de la tragedia, sin que se haya castigado a los culpables ni las familias víctimas encuentren ni apoyo ni sosiego, Jelipillo puede declarar que el IMSS es una institución fundamental en la vida de los pueblos. Si la realidad no hace juego con la eficaz autocomplacencia de los discursos, peor para la realidad.

¿Habrán subrogado la protección a los testigos?

Algo más o menos parecido al asunto de los esclavos de Iztapalapa. Si bien es cierto que bajo el capitalismo salvaje la explotación del hombre por el hombre está perfectamente legalizada, sí se creía que la esclavitud ya estaba desechada como medio de producción. Es por eso que extraña que las tiendas Liverpool no hubieran salido a dar una declaración acompañada de una revisión exhaustiva de sus proveedores, pues las personas enclaustradas manufacturaban productos para esa empresa.

Han de decir: “Ni que se tratara de trata”.

No se puede vivir en el capitalismo salvaje con las reglas del comunismo primitivo.

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