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Dos siglos de una cerveza muy solidaria

En esta obra se narra la historia del imperio que surgió por un líder que supo aprovechar el miedo a beber agua contaminada.

Una interesantísima biografía empresarial llena de huellas de fanatismo religioso. Stephen Mansfield alguna vez escuchó en un templo presbiteriano la historia de que Arthur Guinness, recorriendo las calles de su natal Dublín a mediados del siglo XVIII, vio la devastación que había causado en la sociedad irlandesa el consumo generalizado de whiskey y ginebra; entonces escuchó la voz de Dios diciéndole: “Haz una bebida que los hombres vayan a tomar y que sea buena para ellos”. El autor de La búsqueda de Dios y de Guinness: la biografía de la cerveza que cambió al mundo, a pesar de su evidente fe religiosa, sabe que relato anterior “simplemente no es verdad”, que es un mito. Por esto, con la obra se propone contar la genuina historia de Arthur Guinness y del emporio cervecero que él fundó; una historia que, asegura, es sobre nobleza y devoción a Dios, “tanto como el anterior mito pretendería demostrar”.

Así, conduciendo su prosa sin soltar nunca su religiosidad, Mansfield transporta a sus lectores a los tiempos anteriores a la existencia de Guinness, para contarles el “enorme rol que ha desempeñado la cerveza a través de los siglos”. Habla de la necesidad de beber cerveza en la Europa del siglo XVII ante el miedo a tomar agua contaminada, de lo importante que también fue esta bebida más tarde para los primeros peregrinos que llegaron a lo que hoy es Estados Unidos. Continua su recorrido por la historia personal de Arthur Guinness y de toda su familia, de su arraigo a su tierra, de los inicios de su empresa y de los valores cristianos en los que basaba el accionar de la misma, lo que lo llevó a ser un pionero en la conciencia social dentro de los negocios, lo que hoy elegantemente se denominaría responsabilidad Social empresarial. Sólo así se puede entender que por ahí de 1920, “un trabajador de Guinness disfrutara atención médica y dental completa, servicios de masaje y la garantía de recibir dos pintas de cerveza Guinness por día”. Este historiador dedica uno de los seis capítulos del libro a explorar esta noción tan protestante del “bien que puede hacer la riqueza”; y otro al devenir de la compañía y la marca durante el siglo XX y lo que va del XXI, en un momento en que la cerveza ya es propiedad del gigante Diageo, es producida en 49 países, vendida en 150 y servida a razón de más de 10 millones de vasos por día.

Miguel Ángel Vargas Vaca