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Pintar graffitis... ¿O calles de rojo?

PanópticoJavier Sepúlveda

Cualquier político hubiera envidiado el poder de convocatoria de estos muchachos mal llamados pandilleros o grafiteros.

Se organizaron tan bien la madrugada del lunes para hacer sus pintas sobre los muros de la avenida Constitución, que hasta dejaron evidencia de que saben hacer las cosas rápido y hasta con cierta técnica.

Estos jóvenes son muralistas en potencia, porque sus grafitis pueden transformarse en murales artísticos, como ya ocurre en municipios como San Nicolás y Monterrey, donde tienen institutos de la Juventud que se preocupan por escucharlos y darles espacios.

Pero los moralistas de siempre califican estas acciones juveniles como vandalismo derivado de la falta de educación.

En realidad se requieren políticas públicas que brinden a estas bandas juveniles recreación, cultura, deporte y educación.

Falta que los moralistas en decadencia, entre ellos muchos funcionarios y políticos que hoy andan en campaña, entiendan que estos jóvenes requieren de atención, no de represión.

Hay que devolverles a estos muchachos los espacios que reclaman, antes de que los tomen por sí mismos. Y en todo caso, más vale que pinten muros, porque algunos otros pintan ya para sicarios o narcos, ese otro deporte de moda que siempre termina pintado, pero de rojo.