Metepec, un pueblo de artesanos
A tan sólo 55 kilómetros de la Ciudad de México se encuentra Metepec, un pintoresco pueblito cuyo mayor atractivos es su belleza natural y sus artesanías. A pesar de su historia, pasaría desapercibido si no fuera porque en el mundo se le conoce gracias al Árbol de la Vida, interpretación prehispánica del origen de la vida, hecha de barro y pintada con vivos colores.
Cuenta la historia que en el siglo VII era un lugar lacustre y privilegiado con ricas tierras, donde un grupo de emigrantes, diestros en el manejo del barro y originarios de la gran ciudad de Teotihuacán, encontró refugio, alimento y un futuro próspero.
En dicho lugar se podía contemplar una laguna y un río, los cuales serían conocidos siglos después por los nahuas como Chicnahuapan y Chimalapan, respectivamente; de igual forma, sobresalían varias elevaciones de tierra, una de las cuales se llamaría con el tiempo Metepec o En el Cerro de los Magueyes".
Hoy, este pueblo está integrado a un potente desarrollo industrial impulsado en el Estado de México, rodeado de grandes hoteles, grandes avenidas, fábricas y oficinas; sin embargo, no pierde su ambiente y tradición pueblerina que lo caracteriza y lo ha hecho famoso en el mundo por la confección de sus artesanías.
Es común ver a cientos de turistas llegar a estos terrenos para visitar el mercado de artesanías ubicado en la esquina de las calles de Ignacio Allende y Miguel Hidalgo; caminar por sus callejuelas y llegar, en el centro de Metepec, al Mercado Artesanal que funciona desde 1998. Aquí, 90 familias ofrecen artesanías de barro, cestería, talabartería, vidrio soplado y mayólica, entre otros.
También, entre sus atractivos se encuentra el Templo del Calvario o Santuario de la Virgen de los Dolores; su construcción se inició a finales del siglo XVIII y se concluyó hacia 1850. Se localiza en la ladera norte del Cerro de los Magueyes, desde donde puede apreciarse una panorámica de la ciudad típica y de la zona conurbada con Toluca. En uno de éstos puede admirarse el mural del árbol de la vida, collage monumental que muestra el quehacer alfarero y es símbolo de la tradición artesanal.
La Parroquia de San Juan Bautista y Santa María de Guadalupe, del siglo XVII, marca el inicio de su construcción, dirigida por los frailes franciscanos. La portada de la parroquia, hecha de barro, refleja los rasgos característicos del arte barroco, fusionados con el vigoroso espíritu indígena. El conjunto arquitectónico simboliza el carácter mestizo de los habitantes de Metepec.
El Antiguo Convento Franciscano, anexo a la Parroquia de San Juan Bautista, se conserva como el monumento histórico más importante de Metepec y es el orgullo cultural de la comunidad metepequense.
Las fusiones gastronómicas han generado un sabor único en Metepec. Por citar algunos de los platillos para disfrutar, se encuentran la barbacoa de borrego, los tamales y el pozole.
Juan Gerardo Reyes/Edo. de México








