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Irregularidades en la protección de la zona arqueológica de Teotenango

El sitio, administrado por el Instituto Mexiquense de Cultura, presenta una disminución en su polígono de protección debido a que las autoridades municipales y estatales no han puesto remedio al crecimiento de la mancha urbana.

El 27 de abril del 2006, el Senado de la República aprobó las reformas a los artículos 27, 73 y 124 constitucionales, resultado de una iniciativa que el exgobernador del Estado de México, César Camacho Quiroz, en su calidad de senador priísta, promovió.

Estás transformaciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos desataron un intenso debate, principalmente en el ámbito cultural, ya que permitían mayor participación de gobiernos estatales y municipales en la conservación, administración y usufructo de los restos fósiles, zonas arqueológicas y monumentos artísticos e históricos, provocando el debilitamiento del cuidado federal del patrimonio cultural y con ello, argumentaban los detractores de la propuesta, dejar en manos de personas sin capacidad científica y más susceptibles a los deseos de particulares, la responsabilidad de símbolos de identidad nacional.

Mientras esto sucedía y las reformas pasaban a la Cámara de Diputados, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) alertaba del riesgo que corría la zona arqueológica de Teotenango, debido a que la creciente mancha urbana se estaba asentando en las orillas del polígono protegido del sitio, reduciéndose el área 200 de las 600 hectáreas de la original, sin que el gobierno del Estado de México, a través del Instituto Mexiquense de Cultura que es la institución encargada de la zona, ni el ayuntamiento de Tenango, responsable del desarrollo urbano del lugar, hicieran nada.

EN MANOS DEL GOBIERNO DE LA ENTIDAD
La zona arqueológica de Teotenango es una de las cinco zonas que se encuentran bajo resguardo del Instituto Mexiquense de Cultura, es decir a cargo del gobierno del Estado de México, derivado de un convenio que se realizó en los años setenta con el INAH, acuerdo implícito derivado de la falta de una Ley Federal sobre Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que vendría años después.

Cuenta en entrevista para MILENIO Estado de México, Martín Antonio Mondragón, encargado de la zona arqueológica, que en 1969 la arqueóloga mexicana Banda Tomasi presentó un proyecto para la exploración del lugar, del cual desde la época colonial se tenía conocimiento, ya que algunos relieves estaban expuestos, como el del Ja- guar, o desde el siglo XIX la estela de Teotenango que se mostraba en el Manantial de San Pedro.

La investigadora se pone en contacto con el Centro Regional del INAH, el cual dirigía Román Piña Chan, quien decide presentar el trabajo de Tomasi como un proyecto estatal, consiguiendo del entonces gobernador de la entidad, Carlos Hank González, el apoyo y financiamiento.

Cinco millones de pesos de la década de los setenta fueron pues tos en marcha durante el sexe- nio de Hank para la investigación, exploración, compra de los terrenos, sólo de la zona que actualmente esta abierta al público, y para la construcción del Museo ubicado al pie del cerro Tetepetl, cerro de piedra, que resguarda la zona.

Debido a que el gobierno estatal fue quien invirtió en el proyecto, se consiguió que el INAH cediera la administración del lugar, ante lo cual la entidad se comprometió a continuar con la investigación y salvaguarda del sitio.

Sin embargo, desde algunos años se ha estado advirtiendo un serio crecimiento en los asentamientos urbanos cercanos a la zona arqueológica, muchos de ellos ya alcanzaron la zona protegida.

Para una opinión al respecto, se buscó a la titular del Centro INAH Estado de México, María Teresa García García; sin embargo no hubo respuesta, sólo la recomendación de buscar a alguien que pudiera res- ponder los cuestionamientos sobre la situación de Teotenango en el INAH nacional. Entonces se acudió a la oficina de comunicación social de la institución federal, de quien tampoco se obtuvo una respuesta, sólo negativas y el aplazamiento de una reunión con algún especialista.

Sin embargo, el 28 de junio del 2006, la agencia de noticia NOTIMEX, publicó una entrevista con el arqueólogo del INAH, Ramón López Valenzuela, quien señaló alarmado que en los últimos seis años “la poligonal del sitio que en principio era mayor a 600 hectáreas se redujo en casi 200 por falta de cuidado de la mancha urbana que creció hacia las faldas del cerro antes de poner un alto a ello”.

En la misma nota informativa, se hace hincapié en que Teotenango es la evidencia de que los estados son incapaces de administrar sitios arqueológicos debido a la falta de recursos humanos y económicos; además López Valenzuela contaba que “el INAH coloca mojoneras con sus respectivas especificaciones en el perímetro del sitio, sin embargo, ‘el Instituto Mexiquense de Cultura (de quien depende el lugar) decidió reducir la poligonal, quedando todas las casas sobre ruinas arqueológicas’”.

El investigador, según la nota, forma parte de un grupo de especia- listas que están realizando un análisis sobre la situación de Teotenango para crear un documento que evidencié el riesgo que corren las zonas arqueológicas administradas por gobiernos estatales.

El impacto del crecimiento urbano se esta dando específicamente sobre las estructuras que están bajo el suelo y sobre las cuales se está construyendo, consiguiendo con ello que mucho del legado de los ma- tlazincas quede al descubierto facilitando el saqueo.

MÁS ALLÁ DE LO EXCAVADO
Mondragón, encargado de la zona arqueológica, indicó que se sabe que el sitio mide dos kilómetros cuadrados, de los cuales no se exploró en los años setenta ni la mitad, prácticamente lo que esta abierto al público es el “centro ceremonial, es decir donde estaban los templos, en donde se rendía culto a los dioses, se llevaban a cabo ceremonias cívico religiosas, era el lugar donde se asentaban los grupos de dirigentes, sacerdotes y los grupos de elite que era donde recaía todo el control de la economía de la ciudad, conocemos poco de las zonas habitacionales que tal vez estuvieron fuera del sistema de murallas o un poco mas alejado de esto”. Precisamente donde ahora, principalmente en la ladera este, se está dando el asentamiento urbano.

Durante el recorrido por la zona y mientras Mondragón cuenta detalles de las culturas que se asentaron en el lugar después de la caída de Teotihuacan, hay un alto y se mira la panorámica del lugar llena de casas, Mondragón señala que en la parte baja del cerro hay un lugar que se conoce como Ojo de Agua, “no hay nada visible en superficie, arqueológicamente esta ubicado, esta delimitado y se le va dando protección, arriba hay milpas, es un sitio arqueológico de la época teotihuacana esta cubierto, tiene una pequeña plataforma que esta a unos dos metros de profundidad, se sondeo esta estructura en los años setenta, se hicieron excavaciones, se recuperaron objetos que también están en el museo, esas zonas se tienen conocidas como los antecedentes arqueológicos de Teotenango y también se les da protección”.

Se le pregunta que por qué no está descubierto y nos dice que “son cuestiones en las que entramos que debe haber un presupuesto, deben de comprarse esos terrenos que son propiedad particular, son cuestiones que hay que proponer a las instancias, para hacer estas exploraciones”, situación que no se hecho. Ahora ya no esta Piña Chan y la mayo- ría de los vestigios de Teotenango siguen bajo tierra, o mejor dicho bajo casas.

Tania Hernández A.