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ZsaZsa Gabor: Esa rubia debilidad

La señora trabajó mucho y, en total, apareció en más de 50 películas desde los años cincuenta hasta mediada la década de los noventa.
La señora trabajó mucho y, en total, apareció en más de 50 películas desde los años cincuenta hasta mediada la década de los noventa. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miguel Cane

@aliascane

 

Antes de que existieran figuras como Paris Hilton —que era su parienta— o las mismísimas Kardashians, la celébrity original de Hollywood, sin lugar a dudas, fue Zsa Zsa Gabor, fallecida esta semana al borde del centenario, ya completamente gagá, pero eso sí, glamorosa y de última, como siempre fue. Cierto es que no fue ni mucho menos una de las grandes divas de Hollywood, ni siquiera por su cara inmaculada y su inglés con acento, pero dejó huella en papeles secundarios notorios como una prostituta de frontera en Sed de mal, bajo la dirección de Orson Wells, o en La prisionera del Kremlin, en la que hacía de novia del tal Pepe Stalin.

La señora trabajó mucho y, en total, apareció en más de 50 películas desde los años cincuenta hasta mediada la década de los noventa, siendo Moulin Rouge, bajo la dirección de John Huston, su éxito indiscutible. No podía haber sido mejor para su limitado talento aquel papel de cazamaridos entre la alta sociedad francesa, confidente del tullido Henri de Toulouse-Lautrec en aquel grandioso escenario de la noche parisina en los barrios de Montparnasse.

Aquella pequeña consagración le llegó muchos años después de aterrizar en Los Ángeles (en 1941), del brazo de su hermana mayor, la mítica Eva, que sí venía a Hollywood con serias intenciones de hacer carrera en el mundo de la actuación (y que de hecho es memorable como estrella de la serie de culto Green Acres). Aunque Eva fue la que trabajaba en serio, finalmente fue Sari —su nombre de pila original— quien consiguió hacerse de un lugar en los grandes estudios y, de hecho, las Gabor fueron leyenda más por sus vidas privadas que por su talento. Ahí está la presunta hermana mayor, Magda —aunque existe mucha confusión en torno a sus fechas de nacimiento por las varias manipulaciones para parecer menores y la falta de documentos legítimos—, que pasó por el altar en seis ocasiones (Eva en cuatro y Zsa Zsa nueve). Una de esas nupcias fue con un ex marido de su hermana Zsa Zsa, el actor George Sanders, con quien estuvo casada exactamente un mes y medio. Todo un récord incluso para las Gabor.

De esos titulares se alimentaron toda su vida, siendo en gran parte las predecesoras de las figuras antes mencionadas, salidas de los reality shows, que hoy viven de su fama de insaciables vividoras. Curiosamente, el segundo marido de Gabor fue el abuelo de Paris Hilton, Conrad, fundador del imperio hotelero. Estuvieron casados cinco años, uno de los matrimonios más estables para Zsa Zsa, acostumbrada a contar su vida y milagros en programas de televisión y en varias biografías autorizadas y no. Hasta hace poco, ya superada la barrera de los 90 años, acudía a revistas a desvelar historias de sus novios y sus amores recientes, asegurando en 2008 que aún era capaz de tener un orgasmo.

Su último marido  fue un tal  Frederich Von Anhalt, un sujeto que se afirmaba descendiente de la nobleza alemana, aunque en realidad era un jardinero adoptado, con el que estuvo casada desde 1986 hasta el día de su muerte. No fue, sin embargo, el padre de su única hija, Francesca, concebida siete matrimonios antes como resultado de una violación, según la propia Gabor, a manos de su entonces marido, el millonario dueño de los hoteles Hilton, que ni permiso le pidió para dejarla preñada de mala manera, aunque ese no fue el único escándalo en que se vio envuelta la ex Miss Hungría. En 1989, fue condenada a tres días de cárcel en Los Ángeles por agredir a cachetadas a un policía de tránsito en Beverly Hills que le iba a meter una multa por pasarse un alto.

Claro que la intérprete, acostumbrada al calor de los medios, le sacó partido al asunto con repetidas presencias en televisión, además de hacer diversas parodias del incidente en series como Saturday Night Live o El príncipe del rap, además de aparecer en un memorable cameo agarrándose a cachetadas a Leslie Nielsen en ¿Y dónde está el espía? 2 1/2.

De todos modos, y fuera como fuera, la rubia platino no dejó de figurar en la gran pantalla y en incontables series de televisión. Además, no le fue tan mal: trabajó junto a Mervin Leroy, Vincente Minelli, Ginger Rogers y Janet Leigh, apareciendo en títulos como Lili, 3 Ring Circus o The Man Who Couldn’t Walk. También estuvo presente, a veces como parte de elenco y en ocasiones como artista invitada, en series como El crucero del amor, Batman o incluso Bonanza, en un capítulo en 1967, como la sensual Madame Marova, que era la manzana de la discordia en la Ponderosa.

Fue recurso para muchos directores por su belleza exótica y su conocido nombre, aunque nunca nadie tomara la iniciativa de darle un papel realmente importante. En una ocasión estuvo a punto de arrebatarle el rol de Miss Caswell a Marilyn Monroe en la memorable Eva al desnudo, pero se quedó en el intento. Tampoco llegó a afectarle el ego a la húngara, centrada en su vida social y en mantener su buen nombre en las esplendorosas fiestas del Hollywood de los 60 y los 70. Su casa de Bel-Air, adquirida en 1974, fue escenario de algunas de esas pachangas de órdago, aunque esa mansión no fue la única choza que tuvo. “En realidad soy una ama de casa maravillosa. Cada vez que me divorcio de un hombre, me quedo con su casa”, dijo en una ocasión, muerta de risa.        

La Zsa Zsa, que a todo mundo llamaba “Daaaahhhhling” sufrió un ataque cardiacomasivo el domingo y fue trasladada a un centro hospitalario en Bel Air, la exclusiva zona de Los Ángeles. Desde hacía años presentaba un frágil estado de salud. Y en 2002 quedó postrada en silla de ruedas, tras sufrir un accidente automovilístico.

Con su característico peinado rubio champagne, ostentaba el tipo de belleza propia de las divas y, como tal, aunque no actuara ocupó páginas y páginas en la prensa rosa; entre los romances más mediáticos, aparte de su borrascosa relación con Hilton, es notable su amorío con el dominicano Porfirio Rubirosa, arquetipo del playboy para la época, al que ella describía como el hombre mejor dotado con el que se hubiera ido a la cama. Esa Zsa Zsa, sin pelos en la lengua y con ese modo de andar cuchichí-cuchichí, era una exótica de armas tomar. Así que con ella se cierra una época importante porque hizo escuela, y ni Kim K ni sus hermanas de dudosa procedencia o su nietastra Paris, le llegaron a los talones, porque Zsa Zsa, solo hay una.

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