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Yo soy Charlie, y quiero mi tajada

Yo soy Charlie
(Especial)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi Soler


Empezando el año tenemos ya el eslogan más célebre de 2015: Je suis Charlie, Yo soy Charlie. Voy a pasar por alto las consideraciones sobre el horrendo atentado yihadista, para centrarme exclusivamente en el nombre de Charlie, que es un nombre aparentemente juguetón que ha estado ligado, desde mediados del siglo anterior, a la guerra. En libros y películas de la Segunda Guerra Mundial aparece siempre un Charlie, que es un nombre acomodaticio como podría ser en español Pedro (como Pedro por su casa) o Juan (de las pitas), pero también porque en el alfabeto fonético de la OTAN Charlie significa la letra C. En Berlín, por ejemplo, en los tiempos del muro, la puerta más famosa entre el Berlín Occidental y el Oriental se llamaba checkpoint Charlie, porque era el tercer control que había en el muro, el primero se llamaba checkpoint Alpha y el segundo checkpoint Bravo.

Ya que estamos en el alfabeto fonético, voy a aprovechar para transcribir la última parte, la que va de la T a la Z, porque en ella se cuenta cierta historia, sus palabras detonan una serie de imágenes que tienen cierta vocación narrativa: tango, union, Victor, whisky, xray, yankee, zulu. union y yanki nos remiten, desde mi punto de vista, a Union Square, la histórica plaza de Nueva York (Yankee) donde Victor, un músico emigrante argentino, toca un tango para deleite de los paseantes, mientras es observado con curiosidad por un emigrante zulu, que bebe sorbos de whisky de un botellín disimulado dentro de una bolsa de papel de estraza. Todo este panorama es observado por dos policías que están ahí apostados con la misión, categóricamente dicha por su jefe, de que esa mañana de domingo transcurra en santa paz; como la santa paz pasa por evitar los exabruptos policiales, un policía le dice al otro: “Ese africano está bebiendo pero dejémoslo en paz, Joe, no queremos perturbar la paz de las familias en esta jodida mañana de domingo, pero ten por seguro que si el jefe no nos hubiera cortado las jodidas alas, ya le estaría quitando esa jodida bolsa de papel, porque no se necesitan jodidos rayos X (Xray) en los ojos para saber que ese hombre se está pegando unos buenos y jodidos farolazos. Ahí está la historia que a mi me sugiere la última parte del alfabeto fonético, en cambio el Alpha, Bravo, Charlie, Delta, me deja, en cuanto a imágenes, un poco frío. Tampoco está de más hacer notar que este alfabeto fonético de la OTAN, que además de los militares usan los pilotos de avión y los capitanes de barco, no hubiera sido concebido así, de haberse diseñado en estos tiempos de corrección política, moralina obtusa y rampante gazmoñería; quiero decir que en este siglo XXI tan dado a la santurronería, nadie se hubiera atrevido a sustituir la W por la palabra whisky, que es una bebida alcohólica de fuerte graduación que se lleva mal con la yoga, las verduras y las botellitas de agua que visten nuestro siglo. De hecho hay una versión más pacata de este alfabeto que sustituye whisky por William y zulu, otra incorrección imperdonable que fue sin duda la ocurrencia de un racista, por Zero. También sustituyeron yankee, que a alguien podía ofender, por Young, tango por Thomas y union por uniform, lo cual ya cambiaría radicalmente la interpretación del final del alfabeto fonético que acabo de ensayar. Pero el cambio más importante, a la vista de los acontecimientos que han sacudido violentamente el inicio de este año 2015, es el de la letra C, que pasó de Charlie a Chicago. El cambio fue hecho hace décadas y, desde luego, no tiene nada que ver con la masacre en la oficinas de Charlie Hebdo, sin embargo sí que nos indica que a alguien el nombre de Charlie le pareció también demasiado juguetón, y poco serio, y mejor optó por ponerle a la C un contundente Chicago.

Pero volvamos al Yo soy Charlie con el que empezaron estas líneas y convengamos en que se trata de un eslogan solidario, necesario e incluso conmovedor, pero también sumamente simplón y, sobre todo, evidentemente inspirado en diversos eslóganes que se han repetido en multitud de países para arropar otra multitud de causas. Así, a vuela pluma, traigamos a colación el “todos somos Marcos” o el “yo soy 132” que sacudieron, en su momento, a nuestro país. Aunque el Je suis Charlie no es nada original, ya hay una legión de listos, cincuenta según la prensa francesa, que han corrido a registrar, como suyo, el célebre eslogan y, como si esto no fuera ya un acto bastante ruin y mezquino, una flagrante falta de respeto para las víctimas, sus familiares y para todos los que nos hemos conmovido con esta historia, por si esto no fuera ya ridículo, ha salido el supuesto creador del eslogan, Joachim Roncin, a decir: “me molestaría mucho si alguien trata de hacer dinero con eso. Realmente no lo diseñé para hacer ruido ni nada por el estilo”. Al margen de las intenciones de Roncin, la lucha por la paternidad de este eslogan refleja la frivolidad de los tiempos que vivimos. Al Yo soy Charlie, y al Yo no soy Charlie, habrá que sumar este: Yo soy Charlie, y quiero mi tajada.

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