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Mia vs. Woody: ‘round’ dos

Woody Allen
(Especial)

Han pasado más de 20 años desde que se hiciera pública la traumática ruptura entre Woody Allen, comediante que evolucionó a cineasta genio con extravagante sentido del humor, y la que entre 1981 y 1992 fue su pareja y musa, Mia Farrow, Hollywood royalty, ex mujer de Frank Sinatra y célebre protagonista de El bebé de Rosemary, una de las películas más famosas de la historia. Todos recordamos, en mayor o menor grado, el escándalo: después del rodaje de Maridos y esposas, Mia le cayó —literalmente por accidente— en la movida a Woody, que con la enigmática Soon Yi Previn (una huérfana coreana que Mia levantó del arroyo y adoptó junto con su segundo marido, el director de orquesta André Previn), a la sazón de 21 años, a escondidas le ponía.

La debacle saltó a titulares internacionales, pero el affaire Soon Yi solo era la punta del iceberg; pronto apareció un retrato poco halagüeño de los actores principales de esta comedia romántica devenida en tragedia griega, al margen de una decena de grandes filmes —la proverbial edad de oro de Allen en los ochenta, con cintas como Zelig, Broadway Danny Rose o Alice y cuatro auténticas obras maestras; La rosa púrpura del Cairo, Hannah y sus hermanas, Crímenes y pecados y Otra mujer—, y ambos se vieron reflejados ante los mirones del mundo como auténticos monstruos: él un ególatra megalómano, con plétora de neurosis y fobias, y ella mujer despechada y ardida, con una aberrante compulsión por llenarse de hijos (que suman 15: cuatro biológicos y 11 adoptivos, incluida la díscola Soon Yi).

Los detalles sórdidos del pleitazo se hicieron pronto del dominio público, algunos defendieron a Woody, su legado artístico —que en realidad nada tiene qué ver— y su derecho a “hacer lo que el corazón le dicta”. No faltaron quienes calificaron esto como una factura del karma para Mia, que tampoco era blanca paloma, después de todo, en 1970 se había enredado con Previn estando éste casado, provocándole a su mujer, la cantautora Dory Previn, un colapso mental (por esto Mia se disculparía profusamente en sus memorias). No obstante, de entre todos ellos hay uno que hizo notar Maureen Orth en Vanity Fair durante la cobertura que se hizo del caso: Mia solicitó y obtuvo custodia total de los hijos en común de la pareja: Amadeus, adoptado por ambos en 1983; Dylan, adoptada en 1985, y Satchel (hoy Ronan Seamus Farrow), hijo natural nacido en 1987. El argumento de la madre era que Allen había acosado y tratado de manera impropia a Dylan —que hoy responde al nombre de Eliza— cuando la pareja estaba “junta” (un decir, eran célebres por tener residencias separadas: Woody en su apartamento del Upper East Side y Mia en el West Side, directamente al otro lado del Central Park. Además ella contaba con una casa campestre en Connecticut donde ocasionalmente Allen visitaba a la familia, aunque nunca aguantaba más de un par de días entre tanto retoño). Se llevaron a cabo pruebas psicológicas a la niña y si ésta no testificó en el juicio fue porque Mia se rehusó a someterla a un escrutinio peor. El resultado fue que Woody perdió la patria potestad sobre los hijos adoptivos, y tampoco volvió a tener contacto con su hijo legítimo (mismo que en 2013 Mia no tuvo empacho en señalar a la misma Orth en otro artículo para Vanity Fair que “podría” ser de Frank Sinatra, con quien siguió en buenos términos después de divorciarse, y que, se dice, le ofreció mandar romper las rodillas de Allen).

Woody contrajo matrimonio con Soon Yi en Italia, en 1997. Juntos han adoptado dos niñas y son ostensiblemente felices —es su relación más larga— si bien Soon Yi obviamente no ha vuelto a ver o hablar con Mia.

El precio que pagó por esto fue, prácticamente, su carrera, y no parece haberle resultado demasiado alto: la canjeó por el activismo social, específicamente concienciar acerca del conflicto en Darfur, y también dedicándose a criar a su extensa prole; sin embargo, las heridas no desaparecen. La muestra más reciente de esto fue durante la 71 edición de los Globos de Oro, cuando Diane Keaton subió al pódio en ausencia de Woody para recibir el premio Cecil B. DeMille a la trayectoria. A través de su cuenta de Twitter, Mia señaló que este homenaje a Allen es una afrenta a los sobrevivientes al abuso infantil —si bien nunca se probó que hubiera abuso sexual consumado, Eliza Farrow habló por primera vez públicamente al respecto el año pasado, señalando que Woody la tocó de manera inapropiada cuando tenía menos de siete años de edad.

La controversia continúa. ¿Se debe separar al artista y su obra de los defectos que tiene su personalidad? Allen es indiscutiblemente un genio, pero también es un hombre con un ego enfermizo. Aun si no hubiera violación sexual, el acoso infantil es también parte del abuso y deja cicatrices profundas. Los detractores y defensores de uno y otra, siguen enfrentándose en distintas trincheras, pero algo es cierto: para Eliza Farrow no hubo ni habrá justicia por la inocencia magullada, un rasgo oscuro, existente al margen del genio de ese gran maestro del cine que es Woody Allen.

Miguel Cane

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