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Martes , 25.09.2018 / 18:17 Hoy

Viñetas de jazz y sexo

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


1. Francis Scott Fitzgerald, escribió: “El jazz, en el camino hacia la respetabilidad, fue primero sexo, luego baile y luego música”. Me gusta la lógica de su genealogía, pero creo que el género musical jamás ha perdido esa esencia cachonda, esa sensualidad de quienes lo interpretan, el estado de ánimo en el que pueden entrar sus escuchas: a ratos lánguido, a ratos furioso, a ratos tan sexual que a uno se le enciende la maquinita del deseo a las pocas rolas.

El miércoles pasado escuché en ese hermoso club de jazz llamado Casa Franca (Mérida 109, esquina Álvaro Obregón, colonia Roma Norte, CdMx) al Diego Maroto Trío, integrado por Diego Maroto en el sax tenor, Luri Molina en el contrabajo y Pedro Cervera en la batería. Los tres son viejos lobos de bar de jazz; a los dos primeros los conozco desde hace muchos años, he visto su magnífico crecimiento como compositores e instrumentistas, muchas veces me he dejado llevar por sus notas, por el ritmo que emana de ellos, sintiendo cómo se desdibuja el entorno y únicamente existe el escenario, con este par de locos adorables volviéndose un mismo compás, una explosión, una onda en la cual me he subido para experimentar en mi interior eso que ha definido a la palabra jazz desde sus orígenes: copulación, sexo, vagina, prostitución.

Fue la primera vez que escuché a Pedro en vivo. Los bateristas de jazz son un asunto aparte, porque deambulan entre la improvisación, la academia, el feeling y hasta la locura o el acelere. Mi definición para su manera de tocar es que lo hace de una manera hermosa; sí, muy chida, muy buena, muy precisa, pero sobre todo creando una belleza que perdura en los oídos y en el ser. Bromeando, cuando acabó el primer set le dije que era como si flotara. Cuando terminó el segundo —y espectacular— set, fui honesta con él y le dije: “Te tengo una mala noticia: en realidad, cuando estás tocando NO flotas. Pero la buena noticia es que PARECE que SÍ estás flotando”. ¿Y a quién lo le gusta sentir que se eleva no solo mediante los acordes sino también a través de la manera de moverse de los músicos que se están escuchando, de las intenciones de sus rostros, de esos breves clímax a los que parece que se puede llegar cuando están en los puntos más álgidos de un tema?

Estando ahí pensé en el aspecto sexoso de la música del trío y hasta me los imaginé tocando en mi set de “Ajuste de netas”, dentro de Ajuste de notas, en Milenio Televisión, junto a mi sillón de terciopelo rojo y las cortinas color sangre. Ah, el jazz. Si ven en cartelera al Diego Maroto Trío, no duden en ir a escucharlos. Me cuentan qué tal el viaje sensorial sensual sensacional.

2. “La aparición del nombre ‘jazz’ viene de una serie de anécdotas relacionadas con la Original Dixieland Jazz Band. Cuenta la leyenda, y quizás la más aceptada de todas las existentes, que durante la actuación de esta banda en el Schiller´s Café de Chicago en el año 1916, aún bajo el nombre de Johnny Stein´s Band, un actor de variedades retirado se puso de pie y gritó: ‘Jass it up, boys!’, en un avanzado estado de embriaguez. Hasta ese momento, ‘jass’ era una palabra utilizada en los bajos fondos de Chicago por los afroamericanos sureños para referirse al placer y al negocio sexual”, cuenta Rafael Val en Jazz Net. Sin embargo, la palabra “jazz” se utilizaba a mediados del siglo XIX para verbos en el argot criollo como “excitar, estimular, acelerar las cosas”.


3. “El sexo se parece al jazz: siempre regresas a los clásicos, pero cada vez que dos compañeros o dos músicos se juntan, nunca tocan exactamente la misma melodía. Los ritmos varían, los solistas se inspiran de forma diferente, uno sigue la guía improvisada del otro, respondiéndole, superándolo. El jazz es sexo, o por lo menos lo es si crees en una de las varias etimologías del mundo: significa ‘acto sexual’ en el oeste de África. El término también es similar a jizz o jism, palabras que significan esperma en el slang americano”: Sex Game Book: A Cultural History of Sexuality, de Denyse Beaulieu.


4. “Bessie Smith, la Emperatriz del blues, fue en su día compás de rebelión juvenil frente a la música que escuchaban los padres. En sus letras, en el blues y en el jazz vocal, hubo poco almíbar, sustituido por la llana expresión del deseo. A veces usaba un lenguaje para iniciados, pero éstos sabían que era de sexo de lo que se trataba. Así llegó la noticia a la BBC de que uno de los mayores pioneros del jazz, Jelly Roll Morton, podía contener en su apodo (‘rollito de mermelada’) una explícita alusión genital, por lo que se dio la instrucción de nombrarle siempre como Jr Morton: Jazz: del burdel a la rebelión, por Javier de Cambra.


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PENE BIÓNICO


Esta semana leí la historia de Mohammed Abad, un hombre que a los seis años sufrió un grave accidente automovilístico durante el cual perdió un testículo y gran parte de su pene pero, ahora, con 44 años, ha podido experimentar el coito, luego de tres años de procedimientos quirúrgicos que finalmente lo dotaron de una prótesis con lo necesario para poder penetrar a una pareja.

El órgano de este residente de Edimbrurgo, Escocia, fue construido usando la piel de su antebrazo; tras nueve operaciones, en julio del 2015 recibió un implante que le permite tener erecciones con el toque de un botón: los médicos le colocaron en el interior de su cuerpo un implante como el que ponen en casos severos de disfunción eréctil; está hecho de una sustancia biocompatible con el organismo y cuenta con dos cilindros que se llenan cuando es necesario, permitiéndole al portador controlar la erección. Cuando desee tenerla, pulsa el botón y cuando esté satisfecho, lo hace de nuevo para que el pene regrese a su estado de reposo. A este artefacto lo cubrieron con la piel del antebrazo de Abad, para completar el que ahora llaman “pene biónico”.

Ocho meses después, el buen hombre ha “perdido su virginidad”, es decir, por primera vez tuvo un encuentro erótico con penetración. Su compañera fue Charlotte Rose, de 35 años, quien es una profesional del sexo especializada en atender personas con discapacidad y aseguró sentirse orgullosa de haber sido la primera mujer en la vida coital de Mohammed, quien espera en un futuro poder casarse y tener hijos. Los médicos afirman que el nivel de testosterona en la sangre de Abad es normal, por lo que puede llegar a ser padre.

Esperemos que cada vez sea más frecuente que las maravillas de la ciencia se apliquen a diversos aspectos de la sexualidad humana.


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Queridísima Anaïs:


Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reír siempre. Te lo mereces. He pensado en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir: “Aquí vine con Anaïs”, “aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos”.

¡Ay, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo; pero Anaïs, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué húmeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.

Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versalles el domingo —lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.


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