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La vida antes de "Trainspotting"

La vida antes de "Trainspotting".
La vida antes de "Trainspotting". (Apache Pirata)

Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro. Confucio

El impacto generacional que causó la novela del escocés Irvine Welsh Trainspotting (1993) y su posterior adaptación al cine (1996) fue en gran medida por el tratamiento que le dio al tema de la drogadicción; es sobre esto a lo que se refiere cuando afirma que en esa época se hablaba mucho sobre el consumo de los estupefacientes mas no del por qué de su utilización. Sin embargo, sus letras no solo escupen anécdotas de drogos, borrachos y pervertidos; hay en ellas un explícito cuestionamiento político y social que varias veces es opacado por el morbo latente de quien luego de leerlo pretende compararlo con Bukowsky o Burroughs. Injusto para los tres.

El mismo autor defiende: “Los personajes son decentes y morales que la están pasando mal, cuando estamos bajo presión es cuando nos equivocamos. Cuando la gente está al borde se agudizan los sentidos, quería expresar la camaradería del efecto Reino Unido.”

La producción literaria de Irvine Welsh va más allá de Trainspotting, pero fue esta obra con la que marcó su peculiar narrativa y la temática que seguiría en sus demás novelas: “Tratar de presentar los errores y la jodidez del mundo de una manera sensata”. Welsh no tuvo por primer impulso creativo la escritura, fue después de sumergirse a la pintura y la música que empezó a mecanografiar diarios que después darían vida a los protagonistas que ahora se pasean entre una novela y otra. La suya, dice, es “escritura amateur” para la que creó una “caja de herramientas” de la cual saca un personaje, que él denomina “arquetipo”, para colocarlo en la situación que lo amerite.

Eso son Spud, Begbie, Renton y Sickboy, arquetipos con los que cualquiera que viva bajo el lema de “nada tengo que perder” se identificaría y que ahora vuelven para contarnos sus primeros acercamientos con todos los excesos que experimentaron hace veinte años.

Haciendo siempre alusión o rima a algún tema musical, Irvine retoma su experiencia en esta área. Es evidente la relación que tiene con la música, es la manera en la que puede involucrarse con sus caracteres para crearlos.

Las páginas de Skagboys están impregnadas de un humanismo jovial, de dudas, de pensamientos e ideales que aún no son tocados ni por la desilusión ni por la heroína. Están salpicadas contundentemente de protesta y acompañados por fragmentos de decidido contexto histórico con los que se vuelve un innegable referente histórico sobre el régimen de Margaret Thatcher. Es, además, un sutil modo de reivindicar la visión que Welsh se creó sobre sus personajes y no la que Dany Boyle en su producción nos hizo creer, porque es aquí donde dibuja de mejor manera las características que identifican a cada uno.

Se describen más a fondo las fracturas familiares que rodean a Mark Renton, se ahonda sobre su incursión a la universidad y su hermano autista con una delicada ferocidad. Así participa Davie, el pequeño adolescente por el cual recriminarán a Renton de acosador sexual al avivar la discusión sobre los discapacitados y sus derechos a la sexualidad y por quien el mismo Renton redefinirá su destino. Los paros laborales, las huelgas de mineros y el futbol son parte del escenario nuevamente. Así como las charlas con ínfulas intelectualoides y entusiastas lo son también. “La esperanza compite al miedo. Los intelectuales buscan siempre algo mejor, por eso uno escribe. Si no se tiene esperanza no se tiene nada.”

Las precoces experiencias de Simon con las chicas y su naciente perfección en el arte de enrolarse son expuestas a la par que la timidez de Spud se desarrolla: “Spud tiene dos expresiones: completamente-ajeno-a-lo-que-sucede y siempre-al-borde-de-las-lágrimas” y el carácter irascible de Begbie explota. Las calles de Leith, Aberdeen y los viajes son novedad, así como la primera inyección de Si y Rents. "Y es que nadie se metería alguna droga si no fuera por el deseo de probar algo nuevo. La forma en que ellos manejan las drogas es lo importante".

Las citas bien logradas de Welsh se manifiestan cada tanto, como una opinión ordinaria sobre alguien ordinario: “Lo que está clarísimo es que él es un cuadrado llorón, la clase de pequeño empresario que adora tanto la Thatcher, un cepillo avaricioso, espiritualmente muerto, con mentalidad de esquirol y que no para de pregonar lo mucho que trabaja por su familia…”. En resumen, “cuando tienes veintitantos puedes crear una guerra contigo mismo”, citando a Welsh y, como para entender el presente hay que conocer el pasado, para revalorar Trainspotting hay que leer Skagboys.

KARINA VARGAS
@lula_walk

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