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La verdadera historia de Cortázar y Fantomas

Fantomas
(Nostragamus)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Gonzalo Martré

En 1911 apareció en París un folleto novelado con un personaje novedoso de nombre Fantomas, asesino y ladrón cruel que sobrevivía gracias a su conocimiento del sistema de alcantarillado de París. Fantomas usaba antifaz con el que conservaba celosamente el anonimato y robaba a los ricos, mas no para regalar a los pobres sino para atesorar una fortuna personal. Era siniestro y despiadado.

El folletín fue creación de dos escritores franceses Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1914), tuvo gran éxito y sus tirajes fueron inusuales para la época. Ingresó a la literatura universal.

La guerra de 1914 y luego el tiempo se encargaron de la declinación de las aventuras del personaje, pero la saga completa fue recogida en una edición francesa y luego traducida en España.

En México, allá por 1968, se le ocurrió a Guillermo Mendizábal, quien después sería el dueño de Editorial Posada, revivir a Fantomas en forma de historieta pero despojándolo de su carácter de criminal empedernido para dotarlo de características propias de un Robin Hood modernizado. Fantomas seguía actuando en París, pero ahora utilizando la tecnología propia de la posguerra; Mendizábal creó a su equipo compuesto fundamentalmente por el profesor Semo, su robot C-19 y sus bellas ayudantes con nombres del Zodiaco. El diseño gráfico de toda su parafernalia estuvo a cargo del excelente dibujante Rubén Lara

Lo llevó a la Editorial Novaro, por aquel entonces la principal maquiladora de historietas gringas que cubría México, Centroamérica y parte de Suramérica. Novaro estaba dividida en dos secciones, la primera, la que dejaba mayor ingreso, a cargo de Alfredo Cardona Peña, fino poeta y cuentista; la segunda, la que se comía parte de los ingresos de la primera, la sección de libros, literatura, poesía, arte, etcétera a cargo del argentino Luis Guillermo Piazza, sedicente intelectual perteneciente a la mafia de Fernando Benítez.

La historieta Fantomas, la Amenaza elegante fue un éxito; a la altura del sexto número Mendizábal creyó llegado el momento de tratar el nada deleznable asuntillo de sus regalías, pero encontró una sorpresa sumamente desagradable,  Novaro no pagaba regalías, sino que hacía pago una sola vez por el argumento y sus derechos así como de la realización gráfica. No pagaba mal, pero nada comparable a las regalías que debería cobrar el autor y su dibujante cuando la historieta llegó a ser de tiraje masivo de hasta 750,000 ejemplares por número.

Mendizábal se enteró asimismo de que Novaro había registrado al personaje y su parafernalia como propios. Esto es, despojó a Mendizábal y Lara, quienes optaron por no entregar más números.

Alfredo Cardona Peña buscó quienes los sustituyeran, pues Fantomas crecía desmesuradamente. Los encontró en el bar Salón Palacio, donde los sábados sesionaba la Liga de Escritores y Artistas Borrachos (LEAB) cuya mayoría colaboraba en el suplemento cultural de El Nacional dirigido por el poeta español Juan Rejano. Cardona Peña era el patriarca de la LEAB y un buen día ofreció a los contertulios la oportunidad de mejorar sus ingresos escribiendo argumentos  para Fantomas. Aceptamos unos cinco miembros distinguidos de la LEAB, dos no dieron el ancho y quedamos Xorge del Campo, Gerardo de la Torre y yo, Gonzalo Martré.  Junto con Rosa María Philips quien ya trabajaba para Novaro, durante un año hicimos argumentos para Fantomas; durante ese año la Philips se retiró por enfermedad grave, Xorge por parecerle ese trabajo indigno de su talento como ensayista literario y Gerardo porque encontró mayores ingresos en la TV educativa. Me quedé como único argumentista durante los siguientes 8 años; aporté nuevos personajes y modalidades para hacer a Fantomas más atractivo para los lectores. Entre esas invenciones mías introduje la modalidad de que Fantomas tuviese amigos famosos en el mundo del arte y el intelecto, y para resolver ciertos problemas que se le presentaban, Fantomas consultaba o platicaba con gente como Sartre, Fellini y otros figurones similares. Decididamente, Fantomas era una historieta sui géneris y yo la mantenía viva conservando y mejorando sus características de bandido generoso sin llegar a los extremos del asesinato.

En 1975 entregué a Cardona Peña el argumento titulado “La inteligencia en llamas” (título sacado de un verso del poema Muerte sin fin de José Gorostiza), cuya trama trata de una secta de fanáticos que andan quemando libros por todo el mundo y amenazando a sus autores. En ese número, Fantomas se comunica telefónicamente con varios altos personajes de la literatura e intelectualidad, entre ellos Julio Cortázar (con todos se habla de tú) y cambian impresiones sobre la amenaza mundial que se cierne sobre la cultura universal. El dibujante —Víctor Cruz— se esmeró en retratar bien a Cortázar y su nombre apareció exactamente igual a como era.

El inefable Piazza, amigo y paisano de Cortázar remitió un ejemplar al célebre autor quien vivía en París desde hacía algunos años, exiliado. Al verse como personaje de historieta sin habérsele pedido permiso para ello, Cortázar halló el pretexto ideal para difundir sus ideas en una historieta, medio para hacerlas llegar a un lector distinto al habitual de su obra. Esto es, ampliar considerablemente el alcance de sus ideas. Piazza era colaborador en la página editorial del periódico Excélsior y le fue fácil convencer a Julio Sherer su director de que publicara un folletín de Cortázar. Por su parte, Scherer no lo pensó dos veces, aceptó en el acto la propuesta Cortázar-Piazza. Así nació en 1975 el folletín Fantomas contra los vampiros multinacionales con ilustraciones tomadas de “La inteligencia en llamas”, tiraje de 30 mil ejemplares que se agotó rápidamente.

En 1975 yo enfrentaba serios problemas para publicar mi novela Los símbolos transparentes cuya temática es del 68 mexicano,  Cortázar vino a México para la presentación de su folletín pero no pude contactarlo, sin embargo conseguí su dirección en París y le escribí posteriormente identificándome como el autor del argumento de la historieta “La inteligencia en llamas” , contándole mis problemas con mi novela y solicitando su apoyo para publicarla en Argentina; me contestó luego explicándome que por el momento no estaba en buenas relaciones con los editores argentinos lo cual le impedía ayudarme. Conservé esa carta muchos años hasta que hace unos tres la doné al Museo del Escritor y ahí está. En la actualidad, la historieta Fantomas es de culto; en el Internet se ofrecen colecciones de la misma a precios estratosféricos, algunos números son muy buscados y codiciados como aquel de “La inteligencia en llamas” y la primera edición de “Fantomas contra los vampiros multinacionales” (existe una segunda, publicada en Argentina).

Caso notable, lo que en 1975 yo buscaba infructuosamente, ver mi novela LST publicada en una editorial internacional, finalmente lo conseguí a través de Cortázar 39 años después, en el 2014, pues es indudable que, la incursión de Cortázar en la historieta debida a mí, pesó mucho en la decisión de Alfaguara.

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