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De vampiros 'rednecks' y otras sangrientas delicias

The Strain
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
El Tal Borgues


Luego del sorprendente éxito de la discutida Crepúsculo, de Meyer, donde los vampiros veganos practicaban el sexo seguro y dejaban a un lado su condición de altos burgueses para mezclarse con los rednecks locales, llega la serie televisiva The Strain (“La cepa”), basada en el libro coautoría de Guillermo del Toro.

Para los clavados del género, bastaría decir que: 1. Revitaliza el género gringo de vampiros como no había sucedido desde La hora del vampiro, del entonces genial Stephen King; hay muchos paralelismos entre tal novela señera y la obra de Del Toro, pero vaya que The strain moderniza aquel enfoque casi sociológico de King. 2. Reafirma la estética lovecraftiana de Del Toro, mutando al vampiro tradicional con entes cruza de proboscídeo y lamprea: para efectos prácticos, sacan por la boca un apéndice succionador que convierte y seca a las víctimas (ya nos lo había presentado en Blade 2). 3. Mejora la novela al economizar la narración: lo que en el primer libro duraba 200 páginas, aquí queda en medio capítulo y salvo algún capítulo con el inevitable pietaje, la mayoría son eficaces. 4. Dota de genealogía al vampiro principal, al remitir sus primeras cacerías a los campos de concentración nazis. 5. Cumple con las reglas básicas del vampirismo: el cazador —aquí un judío sobreviviente de los campos de concentración—, el vampiro mayor, la luz y la plata como remedio; y añade el mayordomo tipo King, que es entre guarura y gestor.

A los mexicanos nos va a servir como catarsis en los siguientes rubros: 1. Muestra que en el vecino país la corrupción política y empresarial tiene mejor nivel que en México: el millonariazo no duda en acabar con todo Manhattan para curarse la terrible enfermedad que lo tiene a punto de irse de minero: la vejez. Además vemos a los políticos ineptos, incapaces de ceder ante una idea de sus subalternos y fácilmente coptados por parte de los otros ratotas empresarios que con unos buenos cañonazos de billetes los obligan a evitar la cuarentena y a hacer maromas tipo Fido en expocan. No faltan los policías prepotentes que golpean a los latinos nomás por su aspecto y que, ya en los separos de la delegación, les aplican el viejo interrogatorio científico que consiste en mazapanazos con tolete para mostrar quién manda. Olvídese de los cacareados derechos humanos mexicanos. Mejor aún, no falta el Godinez que por un puñado de dólares deja pasar al mero vampiro y luego, justicia divina, él y su esposa mueren a manos de los Ghostbusters: como autoridad electoral en tiempos de Monex. De pilón, vemos a los gringos rapiñando televisiones a pesar de la plaga de vampiros que tiene incendiada la ciudad; casi como en Acapulco cuando se inundó. 2.- Cumplirá el sueño de todo divorciado: matar a palazos al nuevo novio de la exmujer (que se hubiera convertido en vampiro es un detallito) y darle de balazos a la exesposa (que también fuera una chupasangre —y no me refiero a la pensión alimentaria— es otro detallito) con francas intenciones homicidas, para luego, sin la menor culpa ni responsabilidad penal, quedarse con el niño, al que, sin mentir, podrá decirle “la perra de tu mamá es un monstruo infeccioso, para todos es mejor que este muerta”. 3. Cumplirá el sueño de todo inquilino: meterle un hachazo en plena jeta al méndigo arrendador que de malos modos va a pedir el alquiler, luego ver rodar la cabeza del cobrón en comento e irse como héroe. 4. Hará realidad el sueño femenino de volarle la cabeza a la mamá loca que nomás se la pasa dando lata, pidiendo dinero para fumar y siendo un verdadero dolor de muelas, incluso cuando atacan los vampiros en medio asilo.

A los mexicanos nos gusta la sangre. Las luchas, los enfrentamientos de las porras cuando pierden los infumables equipos pamboleros nacionales, las peleas vale-todo, la esperada presentación de la UFC, las corridas de toros cuando el torero es cogido por el cornudo y otros entretenimientos más lo confirman (nótese que no hablo de Guerrero ni de los desalojos del Zócalo al estilo Mancera). Así que los chorros de sangre, los salpicones después de los machetazos, los clavos enterrados en plena frente y demás detalles tipo Alarma! harán las delicias familiares.

La aportación al género de Del Toro es mostrar cómo el vampirismo se puede contagiar por la inserción de unos pequeños gusanos que brotan en cuanto cortan o matan a un vampiro, mismos que proliferan dentro de la víctima para infectarla; pueden entrar por el ojo, la piel o por donde le quepan a la víctima. Y, sobre todo, un escuadrón SWAT de vampiros “buenos” que luchan contra los vampiros “malos”: se visten de negro y son más ágiles que Bruce Lee en sus buenos tiempos (cuando estaba vivo), escuadrón que sirve a un consejo de vampiros más añejos que Fidel Velázquez y cuyas decisiones habrán de revelarse en futura temporada.

Una serie cumplidorsísima para la fanaticada vampírica.

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