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Un cronista de la música

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Rubén Blades cumple setenta años. Con Willie Colón grabó el legendario álbum Siembra, al que han llamado el Abbey Road de la salsa. Se han destacado sus letras comprometidas, aunque él no se considera un compositor político.
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Fuera del mundo de la música, Rubén Blades (Panamá, 16 de julio de 1948) contó entre sus amigos a los escritores Carlos Fuentes y, de manera más íntima, Gabriel García Márquez. Acaso el mayor elogio que haya recibido en su carrera fue el de este último, quien declaró que le hubiera gustado haber escrito “Pedro Navaja”. El acercamiento que existe entre la literatura y su música se relaciona con un género en particular: la crónica. Buena parte de las canciones de Blades asumen esta forma. Curiosamente, al autor de Cien años de soledad se le ha llamado músico, mientras que al salsero se le ha calificado de escritor. La idea no está desencaminada. Con una carrera musical que abarca cincuenta años, Blades ha organizado su obra desde una perspectiva literaria. A la manera de William Faulkner con Yoknapatawpha, Juan Carlos Onetti con Santa María, Juan Rulfo con Comala y Gabriel García Márquez con Macondo, Blades creó un territorio llamado República de Hispania que, como ha contado, es “ donde está el mundo de Maestra vida, el barrio de Salsipuedes, el Solar de los aburridos. Todo lo que he escrito se desarrolla allí, para que las historias tengan sentido. Ahora yo los tengo que unir, porque se fueron proyectando de manera inconexa a través de cincuenta años. Y luego te das cuenta de la conexión entre una Ligia Elena y un Adán García y un Pedro Navaja... Y de pronto empiezas a ver otro mundo. Es una documentación; todo está conectado”.

Hijo de padre colombiano y madre cubana, Rubén nació en el barrio de San Felipe en Panamá. Sus padres eran músicos, así que la música la trae en la sangre. Estudió derecho en su país y por las circunstancias políticas de Panamá tuvo que emigrar a Estados Unidos a finales de los sesenta; primero llegó a Miami y posteriormente a Nueva York. Desde el principio supo cuál era su objetivo, así que cuando pisó la Urbe de Hierro, sus esfuerzos se enfocaron en trabajar en discos Fania, el sello por excelencia de la salsa. Y comenzó desde abajo, llevando el correo que recibía la compañía. Poco a poco, Rubén comenzó a ganarse dentro de Fania una fama secreta como compositor y cantante.

Antes de ser impulsado en la compañía, grabó el disco Rubén Blades con Los Salvajes del Ritmo (1968), material primerizo integrado por diez temas: solo un anuncio de sus futuras cualidades. De mayor solidez artística resulta De Panamá a Nueva York (1970), con la orquesta Pete Rodríguez, en el que es responsable de todas las composiciones. El tema “Juan González” anuncia al compositor-cronista que aflorará posteriormente con “Juan Pachanga”, “Pablo Pueblo” y “Pedro Navaja”.

Con todo y la presencia que tuvo en De Panamá a Nueva York, su carrera “se incorporó por primera vez al plano superior de la expresión salsosa”, como escribe César Miguel Rondón en su imprescindible El libro de la salsa (Turner, 2017; tercera edición) cuando Ray Barretto lo enrola en su orquesta. Con Manos Duras graba los discos Barretto (1975) y Tomorrow Barreto Live (1976)

Rubén se integrará definitivamente al Olimpo salsero tras colaborar con Willie Colón. Los álbumes Metiendo mano! (1977), Siembra (1978), Maestra vida (1980), Canciones del solar de los aburridos (1981), The Last Fight (1982) y Tras la tormenta (1995) le garantizan la inmortalidad musical. Compositor maduro y solicitado en Fania (le dio canciones a Ricardo Ray, Ismael Miranda, Louie Ramírez, Roberto Roena y Héctor Lavoe, quien hace una interpretación insuperable de “El cantante”), comienza a singularizarse con el tema “Juan Pachanga” del disco de Fania All-Stars Rhythm Machine (1977). Como observa César Miguel Rondón, la letra “acudiendo a una de las más persistentes características de la música caribeña, se presentó como crónica, como retrato de una realidad cotidiana”. Pero en este caso, Blades rompe el estereotipo del personaje como alegre pícaro de barrio haciéndole tener “una pena por dentro”. El contenido político de las crónicas de Rubén aparece en “Pablo Pueblo”, de Metiendo mano, y especialmente en “Plástico” de Siembra, que como dice Leonardo Padura citando a un amigo, es el Abbey Road de la salsa. Manteniéndose en el ámbito del barrio, la violencia que forma parte de éste aparece en “Pedro Navaja”, personaje creado a partir de Mack The Knife de La ópera de los tres centavos de Kurt Weill y Bertolt Brecht. En su reciente visita a México, Blades señaló, a propósito del contenido político de sus composiciones, que quienes “interpretaron que el canto social era de índole política, estaban equivocados porque nunca he escrito sobre un patrón ideológico; es más, si hubiera estado en cualquier país ya estaría preso. Lo de cantor político siempre se me ha hecho ridículo”. A propósito de “Pedro Navaja”, Rubén explicó en una entrevista citada por Rondón por qué componía sobre estos tipos: “Si soy un cantor popular yo tengo que cantarle a ellos, para bien o para mal, ellos son parte del mundo que uno conoce. Y mira que no se trata de elogiarlos, de ponerlos como héroes, no, se trata solamente de decir lo que ellos son, tú sabes”.

Tras separarse de Willie, Rubén formó el grupo Seis del Solar donde , sin abandonar la salsa, exploró otros sonidos más cercanos al pop y al rock (Joe Jackson sería un músico con el cual se emparentaría). Buscando América (1984) es su disco representativo de este periodo.

Rubén ha anunciado que abandona las giras salseras, pero no la música. Acaba de aparecer el disco sobre música tradicional cubana realizado por su alter ego Medoro Madera; antes grabó Salsa Big Band con la orquesta de Roberto Delgado. Están en proceso un disco con Winton Marsalis, uno de rock y otro de música brasileña. O sea, hay Rubén Blades para un buen rato.

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