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De trigasmos y 'belly punching'

Sandoval
(Sandoval)

Desde 2006, aproximadamente, se ha hablado en internet sobre el “trigasmo”, pero fue a finales del año pasado cuando el dato se replicó en diversos portales y medios de comunicación mexicanos. La información al respecto salió del consultorio de la sexóloga estadunidense Ava Cadell, quien bautizó de esa manera al orgasmo que las mujeres pueden sentir cuando se les estimulan tres zonas a la vez: el clítoris, el Punto G y el ano.

En su página web, Loveology University, Cadell asegura que la mayoría de las integrantes del sexo femenino cree que la estimulación anal es dolorosa y por ello no se anima a recibir caricias o ser penetradas —profunda o superficialmente— en esa zona. Sin embargo, “muchas terminaciones nerviosas se encuentran allí y puede ser realmente estimulante prestar atención a esa área tan poco explotada en la anatomía de ellas”. Además, la sexóloga comenta que sus consultantes, al enterarse de esta técnica que promueve, alegan no ser “contorsionistas”, pero esto se puede lograr sin hacer malabares o con el empleo de juguetes eróticos.

Lo que Ava propone no es tan novedoso. Creo que muchas parejas llegan a sentir ese trigasmo sin pensar siquiera que pueda tener un nombre. En el erotismo hay que ser intuitivos: experimentar, explorar, tener la curiosidad de hacer cosas nuevas, “inventar” posturas, probar otras. El acto sensual puede ser muy divertido cuando se está abierto a vivir situaciones nunca antes develadas.

La sensación que produce la estimulación de estos tres puntos es deliciosa. Aunque la vivencia, el sentir de cada persona es diferente, no crean que todas gozarán con tres orgasmos de diferente tipo o en serie. Digamos que se trata de uno solo amplificado, de esos que nos llevan a sentir que vamos a perder la conciencia o se vuelven un único y fuerte estremecimiento en todo el cuerpo. Puede ser que las primeras veces quieran tratar de localizar la fuente de ese clímax: ¿habrá sido por la estimulación en el clítoris o al estimular la parte trasera? Es entretenido reflexionar al respecto al final del numerito, no obstante, no se claven en encontrar una respuesta; mejor, sientan.

Hay unas cuantas posturas que permiten la cercanía a estos tres lugarcitos de poder sexual en la mujer: en una de ellas, la pareja (hetero u homosexual) debe estimular el clítoris con la lengua mientras introduce uno o dos dedos de una mano tratando de alcanzar el Punto G —no olviden colocarlos como si estuvieran emulando la cabeza de un pato o formando un gancho— y con uno de la otra acaricia la zona anal.  

En la segunda posición, la mujer va arriba del hombre y debe inclinar su cadera para estimular el clítoris contra la pelvis de su compañero (o compañera con arnés), mientras la acarician la zona de en medio de su derriére. ¿Otra? Ella, apoyada con las manos y rodillas arriba de su pareja, siguen los dos pasos finales de la postura anterior. Con la “de perrito” también se puede lograr, siendo más sencillo que ella se encargue de su clítoris.

Ava Cadell creó un juguete llamado “vibrador trigásmico”, el cuál desarrolló después de años tratando de calcular, según afirma, la zona precisa en donde se debía presionar, pues “es cuestión de solo unos pocos centímetros llegar al punto del máximo placer”. Es parecido al famoso Rabbit o multiorgásmico, aunque tiene enlazado, a través de un delgado cable, un pequeño estimulador anal. Los dos dispositivos se mueven al mismo tiempo.

EL ‘BELLY PUNCHING’

Lo dice Olivia Torres Mercedes, del Grupo Educativo Interdisciplinario en Sexualidad Humana y Atención a la Discapacidad AC: “Hace tiempo algunas expresiones de la sexualidad habían sido etiquetadas como desviaciones, (prácticas) anormales, aberraciones o perversiones y estas debían ser censuradas o condenadas”. Sin embargo, hace tiempo se les comenzó a llamar parafilias, existiendo aquellas “en las que se invade el espacio del sujeto, pudiéndole ocasionar algún trauma psicológico, y las que son benignas e inofensivas, pues no perjudican a alguien”.

El término parafilias ya está, hoy en día, en desuso. El Instituto Mexicano de Sexología (y con éste la mayoría de los profesionales de la sexología) las llama “expresiones comportamentales de la sexualidad”. Olivia señala: “Se caracterizan por ser impulsos sexuales intensos o recurrentes que pueden ser fantasiosos o que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales y no están estrechamente relacionados con la reproducción”.

Saco a colación estos términos porque hace unos días un lector me escribió para comentarme que le excitaba el belly punching y confesarme que a veces se asustaba por desearlo. Yo no tenía la menor idea de qué era esa práctica y él me lo reveló: es la excitación generada por los golpes en la panza.

Algunos de sus seguidores lo relacionan con el BDSM y se concentran en el vientre durante sus juegos de dominación y sumisión; puede ser que usen indumentaria leather o no, que amarren a quienes recibirán los puñetazos o estén libres, a merced del o la otr@. Lo que les interesa es la sensación que se tiene, tanto de dolor como de sumisión.

Por otro lado, hay quienes lo practican como deporte (para probar la resistencia de sus abdominales) y está presente en competencias, en películas pornográficas pero también en cintas serie B y en dibujos animados. Las luchas entre dos mujeres que, en bikini, se pegan en la zona media con los puños es común en internet y hasta hay certámenes en todo el mundo.

Al fetichista de esta actividad le puede gustar ver a otros haciéndolo, dar los golpes o recibirlos, siendo lo más común que deseen sentir en carne propia el izquierdazo. Una de las mayores exponentes de este asunto, como se registra en la red, es Jill Lauren. En su página www.bellypain.com se puede encontrar muestras de su trabajo. A diferencia de otros productores, dicen los seguidores, busca que los golpes sean reales y no simulados.

Existen grupos virtuales de fanáticos del belly punching. Ellos aclaran que, como en toda práctica, deben seguir las tres reglas de oro planteadas por el BDSM y que aplican a cualquier cuestión erótica: tiene que ser sano, seguro y consensuado. Hay que establecer reglas y una palabra de “contraseña” para parar cuando no se pueda o quiera recibir más golpes. Es necesario tomar en cuenta que éstos deben ser en el área de los músculos, porque si se pega en el bazo, los riñones o el hígado, se pueden producir lesiones graves.

Para los seguidores de esta expresión comportamental de la sexualidad es difícil conseguir una pareja que comparta sus gustos, pues al decírselo de buenas a primeras a alguien que no lo conoce, puede salir huyendo. Así que antes de querer practicarlo o proponerlo, es necesario explicar de qué se trata, poner límites y llegar a acuerdos, sin obligar a nada ni a nadie.

 Buscando información sobre el belly punching llegué a los chasers, que son aquellos hombres y mujeres que adoran tener encuentros eróticos con personas con sobrepeso. Entre ellos, hay un subgrupo que me llamó mucho la atención: el de mujeres delgadas con panza protuberante. Encontré comunidades de hombres que gustan de acariciar, de amasar esa zona, llegando a convertirse en entrenadores de chicas que llevan una dieta con la que se busca hacer crecer el vientre únicamente. Luego, ellas posan alegres con su barriga. Seguramente su dieta se basa en habas, coliflor, garbanzos y brócoli, digo yo. Mientras no haga daño a la salud, no habría problema por querer estar tripona. Cada quien sus gustos y, como dice el dicho popular, siempre habrá un roto para un descosido.

Verónica Maza Bustamante

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