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Jueves , 20.09.2018 / 00:43 Hoy

Tres libros sobre diversidad sexual

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


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‘Lo que soñé mientras dormías’

Ana Francis Mor

Editorial Planeta

Querida Ana Francis:

Tu novela me tomó por sorpresa. No pensé que se iba a convertir en vendaval dentro de mí. El viernes por la noche la vi sobre mi escritorio, recién llegada de la editorial, y decidí quitarle el celofán. Comencé a leer. No pude parar. Durante dos días y medio, María y Antonia —tus irrepetibles protagonistas— habitaron mi mente. Me hicieron reír y también llorar (varias veces). Me llevaron a reflexionar sobre la importancia de ser quienes somos, de asumir nuestra propia forma de ver el mundo, a nosotr@s mismos y a los demás, cargando con la historia de aquellos que nos antecedieron, quienes, a su vez, guardan sus propias historias, secretos, decisiones.

Gracias por escribir un libro así, tan femenino y feminista pero, a la vez, tan sencillo y entrañable. Cursi cuando es necesario, aleccionador la mayoría de las páginas, poético con frecuencia, extravagante y amoroso como sus protagonistas, como los guiones de las películas porno de Antonia. En sus páginas podemos entender cómo se han ido creando algunos prejuicios que, por desgracia, nos separan por sexo, orientación sexual, identidad de género y hasta color de piel; entramos al mundo de las mujeres que aman a otras mujeres, pero también de homosexuales y heterosexuales tratando de ubicarse en el planeta.

Gracias por hacerme recordar a Chayanne, por tu oda a la bicicleta (que nos da alas para volar en la Tierra) y, sobre todo, por hablar de la amistad, de esa que es la cumbre del amor, que nos lleva a hacer cualquier cosa por el bienestar de nuestr@s mejores amig@s. Adoré la bondad de María, la libertad de Antonia, sus cartas y diarios, todas las historias que las rodean, los escenarios en donde se desenvuelven.

Gracias por hacernos conscientes de la fuerza femenina, por abrirnos la puerta ya no del clóset sino del mundo lésbico, porque con ello quitas, también, uno de los candados que se le han puesto a la diversidad sexual y tiene que ver con los mitos que hay en torno a las relaciones entre mujeres.

Le deseo éxito a Lo que soñé mientras dormías. Se lo merece.

***

‘Un amigo para la orgía del fin del mundo’

Wenceslao Bruciaga

Sello Cuchillo

A Wences lo conozco desde hace muchos años. Siempre ha sido un gran amigo, divertido, extravagante, coherente, informado y muy inteligente. Hemos compartido noches de gran algarabía en fiestas en mi casa y en antros; me gusta salir con él porque tiene un look punk increíble que aleja a los malandros pero, a la vez, puede ser el más gracioso, enamoradizo y gay del mundo. Su postura hacia la diversidad sexual ha sido clara: el activismo no es lo suyo. Incluso, se considera a sí mismo como homófobo. Yo creo que justo esta postura es, a la vez, algo que visibiliza una serie de situaciones relacionadas con etiquetas, estereotipos y creencias que no le han hecho siempre bien a la comunidad LGBTTTI.

Vive su orientación sexual con gran libertad, como queriendo comerse cada día de su vida. Su salida del clóset fue relativamente sencilla, por lo que odia las historias dramáticas y lastimeras al respecto. Es boxeador, norteño y romántico de clóset; prefiere usar la música para hablar de diversidad y de ghettos (¿o no fueron los rockeros y los punks los primeros apestados por ser diferentes?). Lo mismo le gusta meterse al slam que a los baños sauna, los cuartos oscuros, los hoteles cutres y los antros alternativos, donde vive una serie de aventuras que narra puntualmente en alguno de los medios de comunicación donde colabora porque, además, tiene muy buena pluma, que ha explotado en el periodismo y la ficción (su columna “El nuevo orden” se publica desde hace años en MILENIO Diario Torreón).

Un amigo para la orgía del fin el mundo es una mezcla de memorias y crónicas, anécdotas contadas con una sencillez que atrapa, semejante a la manera de pensar de Wences, quien señala: “Ser gay no es fácil, en lo absoluto; sin embargo, cuando escucho consignas como: ‘Tolerancia. ¡defiende lo que eres, defiende tus derechos!’, no entiendo por qué necesariamente se debe de lograr mediante debates, cartas firmadas y movilizaciones políticas. Desgraciadamente la vida no es ese arcoíris que representa el movimiento. La vida es dura y a veces se aprende a golpes”. Pero aunque esté muy lejos de los estudios académicos sobre el colectivo, de las historias melodramáticas de las familias diversas y de lo políticamente correcto, la expresión literaria y de vida de Bruciaga es sumamente valiosa porque confirma lo que es la diversidad. Se necesita también esa voz que interrogue, ponga en duda, bromee sobre lo que se hace a favor de los no binarios. Es su trinchera particular y tiene gran poder.

En sus páginas hay momentos de sexo, consejos de sus parientes, vivencias propias y ajenas, autoconocimiento y hasta autoanálisis (“soy capaz de admitir, sin melodrama, que estoy traumado”, dice); nos abre la noche gay con sus protagonistas, sus canciones, sus lugares. Es el Wences en todo su esplendor. El amigo con quien te gustaría estar cuando se acabe el mundo porque sabes que te hará reír al ironizar sobre el meteorito que está a punto de caerte encima, aunque seguramente él preferirá recibirlo con unas piernas ajenas sobre su hombro.

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‘Lo hice por amor’

Mildred Pérez de la Torre

Quimera Ediciones

Esta novela, la primera de la autora, ganó el Premio Quimera de literatura queer 2016, al que convocaron Novelistik.com, Quimera Ediciones, librerías Gandhi, Animal Político y RMX. La historia es así: Eugenia es una niña de 13 años que queda huérfana de madre y no le importa a su padre, por lo que Martha, directora de su escuela y psicóloga de profesión, la toma bajo su cuidado, primero con el pretexto de darle terapia y después con el objetivo de conseguir su amor y sus caricias, hasta que consigue llevarla a vivir a su casa, con todo lo que eso conlleva.

Contrario a la irreverencia de Wenceslao o a la sensibilidad intelectual de Ana Francis, el libro de Mildred nos muestra el lado melodramático del deseo, lo pinta como una fuerza extrema que va más allá de barreras ideológicas, de edad, de generaciones, de orientaciones. Y no solo entra al asunto pedregoso de asumir la homosexualidad o la bisexualidad como se pueda (si se puede), sino también al polémico mundo de las Lolitas en la literatura.

¿Hasta dónde una mujer puede pervertir a una adolescente y hasta dónde es ésta la que se aprovecha de sus poderes de seducción para abusar de la adulta? ¿Quién hace mal y quién bien, si tuviéramos que encajonar la historia en estos dos términos? ¿Hay vuelta atrás cuando uno decide transgredir? Creo que más allá de la historia (que no está nada mal), lo mejor de Lo hice por amor es lo no escrito, la reflexión a la que nos acerca, la postura que nos obliga a adoptar. Habrá que seguir la carrera de esta escritora de 32 años para ver a qué otros dilemas nos vuelve a enfrentar.

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